La declaración de culpabilidad de Hunter Biden este 11 de junio viene como anillo al dedo para la campaña presidencial de su padre el presidente Biden. Es una prueba de la imparcialidad de la secretaría de Justicia, y del sistema judicial en su conjunto, el mismo que recientemente declaró culpable de 34 delitos al nefando Donald Trump. Este ha acusado de parcialidad a todo el aparato judicial que lo juzgó y declaró culpable, e incluso ha acusado a Biden de haber manipulado la justicia para lograr su condena. Ahora esa misma justicia ha declarado culpable a un hijo de Biden. Este ha dicho que se abstendrá de indultar a su hijo. Todo esto deja sin piso las acusaciones de Trump contra sus juez, fiscal, y jurados. Y Biden.
Hunter Biden podría ser condenado a prisión, aunque lo más probable es que reciba otro tipo de condena, como prisión domiciliaria, por ejemplo. Ahora bien, una vez reelegido, habiendo ya logrado su máxima, y última aspiración electoral, nada tendría de raro que Biden se desdijera de su promesa de imparcialidad ante el caso de su hijo, y procediera a indultarlo.
Le lloverían críticas, desde luego, pero también habría voces de comprensión y apoyo. Al fin y al cabo, se trata de un padre y su hijo. Cualquier buen padre, en la misma situación, haría lo mismo, se dirá. Esa tendencia indulgente tal vez terminaría por prevalecer. Hunter Biden puede ser un delincuente, pero no es un criminal. No ha asesinado ni vulnerado directamente a nadie. Su víctima ha sido el sistema legal, algunas de cuyas prohibiciones, infringió. No tiene las manos untadas de sangre, ni puede ser considerado un peligro para la sociedad. Es un tipo irresponsable, e imprudente. Un mal hijo, de un buen padre, que resulta ser el presidente, y quien dentro de sus facultades, tiene la de indultar delincuentes.
La actual paradógica situación juidicial parece pues corroborar la legendaria ceguera de la justicia, mitológicamente considerada. Dada la desproporción política y existencial, entre Hunter Biden, y Donald Trump, parece obvio que para Joe Biden este resultado es altamente conveniente. Por un lado, genera equilibrio jurídico-político a su favor; por otro le ayuda en la gestión paterna con un hijo díscolo y problemático, que ciertamente está recibiendo su merecido.
Es desde luego prematuro anticiparse al resultado final de toda esta problemática existencial y política. Es sin embargo plausible suponer que si el resultado electoral es a favor de Biden, el perdedor Trump desconocerá el resultado, y su llamado será a sus fanáticos a protestar activa y violentamente.
Estamos pues ante un funesto dilema. Por un lado, el improbable, pero posible triunfo de Trump, que por sí mismo implicaría el fin de la democracia estadounidense; por otro, el probable triunfo de Biden, que desataría una oleda de violencia anarquista de extrema derecha.
¿Un callejón sin salida? O con una salida problemática y conflictiva. Lo cierto es que estamos en una momento de transición, de resultados difícilmente predecibles. Espero equvocarme. A veces es preferible equivocarse.
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