Nuestra época es una época vertiginosa, en la cual el tiempo ya no vuela, sino que se esfuma. Vertiginosa, como ninguna otra hasta ahora. El Internet y las redes sociales. La irrupción misteriosa de la inteligencia artificial (AI.) Aun cuando hay dos grandes guerras, Ucrania-Rusia, e Israel-Gaza, la guerra en sí misma ha sido una actividad milenaria de los pueblos. Se trata, pués, de las guerras de turno.
Tampoco el peligro latente de la guerra nuclear es nuevo. Esto nos amenaza desde los tiempos de la Guerra Fria. La actual Guerra Fria, es pues una versión reciclada de la del siglo XX.
Las religiones siguen teniendo su rol embrutecedor y fanatizante. Sin embargo algunas investigaciones, del Pew Research Center, creo, han encontrado que en Estados Unidos hay una lenta, pero progresiva tendencia al descreimiento. Pero sectas, como los Evangélicos, siguen teniendo influencia en vastos sectores de la población creyente de Estados Unidos. No hay, pués, lugar para un ferviente optimismo de una posible tendencia más racional de la humanidad actual.
La mayor amenaza es el cambio climático. Este es un reto monumental para nuestra época. Aun cuando hay amplia comprensión científica y política del problema, las posibilidades de acciones eficientes y oportunas, son todavía remotas. E improbables. Poderosos e influyentes sectores de las actividades industriales y extractivas, prefieren su propia y actual conveniencia, a las de las generaciones futuras. Su influencia sobre las fuerzas y actores políticos, es enorme y decisiva.
La influencia de Internet y las redes socialees enorme, pero no siempre benéfica, en el sentido humanístico. Una consecuencia: la indefinición de la realidad. Nuestra época es la de las noticias falsas, que operan como verdades.Hay una constante realidad paralela, en varios ámbitos informativos; especialmente en los noticiosos y políticos. También, claro, en las relaciones personales; pero, claro, eso nada tiene de nuevo.
Un aspecto cultural novedoso de las redes sociales, es lo que se comenta en un artículo del 19 de junio pasado en el diario español El País. Se trata del llamado Sexting, o sea sexo digital, a cualquier distancia. Es, en realidad, una consecuencia lógica de la tecnología. No me consta, pero creo que antes había sexo telefónico. El sexo digital resulta obviamente mucho más divertido, funcional, e interesante. También, a veces, personas inescrupulosas abusan de los formatos, y se aprovechan, sobre todo de mujeres, para publicar imágenes íntimas sin autorización. La insidia siempre aparece en varios entornos de la actividad humana.
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