lunes, mayo 16, 2022

De la felicidad, a ratos

 ¿Es posible ser feliz a ratos?, me preguntaba el otro día, mientras esperaba el sueño acabando de apagar la luz a la 1 AM. Esa hora, entre las 12 y la 1, aproximadamente, se ha vuelto mi única hora de reflexión real en  mi, entre afanoso y aburrido, día. Esa día había leído algo de retórica, uno de mis permanentes temas de interés. Algo sobre la voz literaria, y su relación con el estilo. La retórica es un arte venido a menos, como lo reconoce uno de sus expertos, el pensador I.A. Richards, en su libro sobre la filosofía de la retórica; el penúltimo de esa noche, antes del libro de Dona Hickey sobre la voz literaria, y su hermosa cláusula sobre cómo ésta se descubre, por medio de signos escritos, reveladores del lenguaje, que el escritor usa para mostrar su relación con el tema, la audiencia, y la ocasión, en un tiempo determinado. Richards a su vez propone hacer de la respuesta a la pregunta sobre la relación entre mala y buena comunicación, el objeto de la retórica.

 Uno de los motivos de la mala fama de la retórica, especialmente entre quienes nunca la han estudiado ni comprendido, aunque puede que sí, utilizado, es su origen como arte de persuadir, de convencer, no necesariamente de la verdad, sino del mensaje del orador; que puede ser o no deshonesto. De hecho, nuestra época abunda en magos retóricos, capaces de hacer creer a multitudes casi cualquier cosa. 

Esto, claro, nos lleva a  Donald Trump, pero no quisiera arruinar el rato. Grandes pensadores, empezando por el mismísimo Aristóteles han  hecho del estudio de la retórica un arte epistemológico, una sutil ciencia del uso del lenguaje con fines de comunicación eficiente. 

En nuestra época existen escuelas de escritura, en las que se enseñan los elementos de las técnicas literarias y escriturarias en general. No se les considera escuelas retóricas. Los maestros en esas escuelas, por lo general escritores consagrados, suelen plantear en sus inicios de clase la pregunta de si es posible enseñar a escribir, o si el talento literario es innato, y no puede inducirse. 

La mayoría contestan que ambas cosas son ciertas, que el talento es infaltable, pero que aun el más talentoso escritor escribe mejor si es consciente de las diversos elementos de la actividad escrituraria. Un genio estudiado es siempre mejor que un genio ignorante, es lo que se indica. Y que aun el escritor menos talentoso, puede escribir mejor, o menos mal, sí es consciente y domina, y usa las diversas técnicas literarias. Este es, en realidad, un debate anodino. Es cierto que hay genios, pero no siempre los genios son los mejores escritores. Y hay grandes escritores que ni fueron ni pretendieron ser genios. 

Pero mi interrogante inicial persiste. ¿Es posible ser feliz, a ratos? Una respuesta negativa sería una catástrofe. Sería la negativa total de la posibilidad de ser feliz; puesto que la felicidad, si existiere, solo es posible a ratos, es decir, efímeramente. Solo hay momentos felices, no estados felices. Se es feliz ocasionalmente, y solo ocasionalmente; puesto que la felicidad permanente, en el ámbito típicamente humano, es imposible. Para comprenderlo, basta con imaginarlo. Supongamos que alguien, como esa chica de mi curso de francés online  (1), que se siente feliz porque es el día de su cumpleaños, tiene el día libre, y puede hacer lo que más le gusta, que es irse de compras. 

Su entusiasmo, y su dicha momentánea, son comprensibles. Aunque con un año más, ella es todavía joven, es saludable, hermosa, soltera, y tiene recursos para darse gusto en las tiendas de ropa y aderezos. Si le gustaran sobre todo los libros, sería igualmente feliz por poder dedicar el día a sus librerías favoritas, que estando en París podrían incluir nada menos que a la justamente célebre Shakespeare & Company. Pero si  algo hay en abundancia en  París son librerías, de modo que tendría mucho que escoger.  Y ahí, tal vez, comienza el problema. Por el momento, solo tiene un día para disfrutar las librerías, o las tiendas elegantes, si lo prefiere. Tiene que desplazarse, en su propio auto, pero aunque eso es más cómodo que usar el metro, u otro medio de transporte público, de todos modos tiene que lidiar con  el tráfico parisiense, nada fácil, por cierto. Ella vive con su madre, de modo que es posible que, mientras maneja, suene su celular. Es ella, que la llama para comentarle algún desagradable asunto familiar, o para pedirle que vaya a una droguería por un medicamento que necesita urgentemente. 

La vida pues sigue su curso, y esto incluye toda clase de posibilidades, no necesariamente compatibles con su estado de felicidad; porque este es momentáneo, pasajero; como lo es siempre la felicidad. 

Que solo es posible, verdaderamente, a ratos. Esto es discutible, claro. Si alguien cree que, o que la felicidad es completamente imposible, o que es posible permanentemente, me gustaría no solo dialogar con esa persona, sino conocerla. Supongo que, en algunos casos, un loco puede ser, o sentirse, siempre feliz. El personaje de Notas desde el Subsuelo, de Dostoyevski, es tal vez feliz a lo largo de su incansable diatriba. Puede que, también, Poprishchin, el personaje de Memorias de un Loco, de Gogol., se sienta a veces feliz en el curso de las fantasías de su deterioro mental. Supongo que hay otros ejemplos literarios, y no por eso menos reales. 

(1) "C'est mon jour de chance." (A l'e ecoute de la langue françcaise-5.)


sábado, septiembre 04, 2021

La mala hora global

La caída de Afganistán en poder de las Talibanes es una calamidad humanitaria de enormes proporciones. Ante la mirada impávida del mundo civilizado, una secta extremista, capaz de cualquier atrocidad a nombre de sus tradiciones islámicas, ha asumido el control de una nación a cuya supuesta defensa y protección, Estados Unidos dedicó un esfuerzo militar de 20 años, inmesamente costoso en vidas y recursos económicos; más de 2.400 bajas militares, 4.000 contratistas muertos, y alrededor de 70.000 muertes de civiles afganos y paquistanies. El portal noticioso Politico los califica estos datos como difíciles de comprender, y con razón. En efecto, se trata de sumas monetarias astronómicas, más de dos millones de millones de dólares.  Con el agravante de que todos esos recursos fueron obtenidos mediante créditos financieros, que aunque la guerra haya cesado, deben seguirse pagando, a expensas de presentes y futuras generaciones de estadounidenses. 

La ocupación americana afectó profundamente el modo de vida y la cultura de las principales ciudades afganas. Al cesar la presencia gringa, los talibanes llegan a destrozar todo vestigio de esa influencia. Las mujeres y los niños son los grupos humanos más afectados. Ellas, después de crecer y vivir en un sistema económico y cutural relativamente liberal, ahora se ven abocadas a someterse a las rigurosas y salvajes normas islámicas, de la secta talibana, una de las más extremistas; so pena de sufrir castigos como muerte a pedradas, degollamiento, ahorcamiento, latigazos.  

Esta calamidad militar, política, y humanitaria, coincide con las persistentes tragedias que agobian a Haití, el país caribeño que comparte con República Dominicana la legendaria isla La Española, el primer territorio del Nuevo Mundo, pisado por Colón y sus marineros. Haití fue también la segunda nación americana en liberarse del coloniaje europeo, después de Estados Unidos.  En nuestra memoria infantil de la historia patria, figura con honor el nombre del presidente Alexandre Petion, quien apoyó decisivamente al Libertador Simón Bolívar, a quien a cambio pidió abolir completamente la esclavitud en las naciones por él eventualmente liberadas.

Por esas, a veces trágicas, ironías de la historia, recientemente un grupo de ex militares colombianos tuvo al parecer parte decisiva en el asesinato del presidente de Haití Jovenel Moïse, el pasado 7 de julio, en Puerto Príncipe. Eso sumió al país en una crisis de liderazgo y gobernalidad, más profunda aun de la que venía padeciendo bajo el incierto y controvertido gobierno de Moïse. 

La historia de Haití es una continua secuencia de inestabilidad institucional, corrupción política., y pobreza. A esto se han sumado varias veces las catástrofes de origen natural, como huracanes y terremotos. Y algo así precisamente acaba de ocurrir, al sufrir Haití un  terremoto de 7.5 grados de magnitud, con  un saldo de más de 2.000 muertos; casi enseguida, un huracán azoto al diesmado y destrozado país. El resultado de esta serie de calamidades políticas y naturales es una población sumida en el estupor, la carencia casi total de recursos esenciales para sobrevivir, y un caótico desconcierto económico, político, y social.

Ocurren estas secuencias trágicas en Afganistán y Haití en medio del azote global de la pandemia del Covid-19, que obviamente ha afectado con mucho más rigor a los países más pobres, resaltando así el gran flagelo de la desigualdad económica, y la absurda, casi monstruosa concentración del poder y la riqueza, con exclusión de miles de millones de seres humanos. Y la pandemia a su vez coincide con los evidentes síntomas del progresivo calentamiento global, debido al abuso de los recursos del planeta, por parte de productores y explotadores desenfrenados, y consumidores insaciables.

 

sábado, mayo 29, 2021

Colombia, tierra querida

 ¿Va Duque a decretar el estado de conmoción interior? Son las 5 y 4 minutos hora colombiana, del sábado 8 de mayo de 2021. Todavía no lo ha hecho, pero la amenaza flota sobre el agitado país. Duque por sí solo no lo haría. Pero el que manda es Uribe, y este sí que sería capaz de hacerlo. Mientras escribo esto, después de 10 días de inmersión total en la situación colombiana, por medio de los medios de información de que dispongo, limitados, claro, por la distancia física. Soy consciente de la parcialización y mala fe informativa de algunos de esos medios, los principales y más poderosos. Semana es desvergonzadamente Uribista, y el Tiempo es y siempre ha sido gobiernista. Los dos medios pertenecen a dos de los grupos económicos más poderosos del país. Los dueños y señores de éste. Pero la mala fe informativa no es privilegio exclusivo de Semana y El Tiempo. En realidad es un fenómeno ampliamente extendido, gracias en gran parte a las redes sociales. Y la mala fe predominante en todos los aspectos de la vida nacional. Hay mucha buena fe también, claro. Pero la buena fe no es predominante, es excepcional, y cuando se exacerba, es noticia. Buena, pero irrelevante. Si la mala fe no dominara la mentalidad de la sociedad, Alvaro Uribe no habría tenido la enorme trascendencia política e histórica que tiene y tendrá; y el inmenso poder político del cual ha dispuesto. Que para alivio general, parece estar perdiendo. 

En efecto, la tumba del uribismo puede estar abriéndose, pero la agonía del monstruo será larga, dolorosa, y sangrienta. Lo estamos viendo. Laura Gil, politóloga y analista política, afincada en Colombia, advertía contra el optimismo de algunos de sus compañeros del panel en el que participaba, que veían ante ellos un panorama de cambio progresista; y con indudable razón. Pero a Laura no le faltaba razón para su moderado pesimismo. En Colombia las maquinarias políticas regionales y locales, en connivencia con los factores de poder, como banqueros, terratenientes, ganaderos, industriales, son las que deciden los resultados electorales. En regiones enteras, sobre todo en la costa Caribe, la compra de votos es casi un fenómeno cultural. Pero además están los sistemas de manipulación de la información, los ya aludidos medios informativos conniventes con el establecimiento dominante. Y un factor soterrado, pero eficiente, el creciente religiosismo de las sectas cristianas, que son a la vez negocios, y factores de alienación cultural y política. Y que casi siempre se alían con las peores y más corruptas tendencias partidistas. 

Manipulación informativa, a varios niveles y canales de difusión. Reinante mala fe. Deshonestidad. Insidia. Perfidia en toda clase de relaciones. La corrupción generalizada es una consecuencia, un síntoma de una sociedad enferma. Hay varios otros síntomas. 

"Defectuoso" sistema de instituciones y organismos. Sistema político. Sistema institucional y político no representativo. Larga tradición de profundas inequidades sociales y económicas. Una historia de oprimidos y opresores; a veces escogidos y amados por los oprimidos. El bipartidismo liberal-conservador fue durante mucho tiempo el peor flagelo de la sociedad colombiana. 

Se dicen cosas muy coherentes, loables, constructivas. Lo que no se dice es cómo llevarlas a la calle, al barrio, a la vereda, a los sectores desposeídos de nuestra sociedad. Se habla con eufemismos, medias verdades, verdades a medias. De ahí se pasa a la mala fe descarada, tipo Andrés Pastrana, pero sobre todo María Fernanda Cabal. Qué bella ella. Dice cualquier cosa, sin importarle si es verdad o no, si tiene algo de lógica, si difama a alguien. Tan estravagante es ella, que hasta puede que le haga un favor a la verdad, el encarnar tan vívidamente la falsedad y la mentira. Personajes como Cabal y Pastrana, y otros por el estilo, difunden una narrativa enfermiza, que ignora y desfigura la realidad; como asegurar que las protestas son fruto de organizaciones siniestras, y los manifestantes son zombies pagados por las fuerzas del mal. Esto dicen, sin sonrojarse, muchas "gentes de bien." 

La mala fe es pues el factor dominante en los discursos y declaraciones, y por supuesto, acciones del gobierno y sus adherentes, sobre todo uribistas. Ese discurso tendencioso hace mucho mal, y realmente deprime. 

Es necesario identificar los diferentes hechos predominantes, y los respectivos discursos que intentan explicar, o influir la coyuntura, y sus circunstancias y antecedentes. ¿Qué está pasando?

César Caballero, prominente empresario encuestador, explicaba en entrevista con el analista Ariel Ávila su pronóstico sobre el desarrollo de la situación. Su discurso ejemplifica una de las interpretaciones convencionales de lo que ocurre y ocurrirá, la que más convendría al gobierno, y al establecimiento dominante. Según este experto, sobrevendrá una sensación de cansancio los manifestantes empezaron a perder energía, las demostraciones languideserán. Los dirigentes del paro deben tener esto en cuenta, y estar listos para ceder en sus condiciones, y contentarse con la obtenido, como el retiro de la reforma tributaria. 

Lo que observa Caballero es correcto, en cuanto posible recurrencia de experiencias anteriores. El gobierno se limita a esperar, aprovecha el cansancio de la clase media productiva, la impaciencia con los bloqueos y las vías de hecho. Pero el actual fenómeno social es nuevo, de diferente naturaleza a anteriores explosiones de descontento colectivo. Las condiciones sociales son extremas. La gente ha llegado a su límite de tolerancia con las falencias, injusticias, crueldades, y deformaciones de la sociedad colombiana. Las cifras de pobreza, no siempre iguales, coinciden en que varios millones de colombianos no tienen recursos para sobrevivir decentemente. Su ya perenne condición de pobreza, se ha agudizado con la pandemia. Millonesde jóvenes carecen de educación, oportunidades de empleo, vivienda digna: carecen de futuro. La falta de confianza en el gobierno y las instituciones supuestamente democráticas es evidente, profunda, e irreversible. De modo que es muy posible que el modelo previsto por Caballero no se repita esta vez. Al escribir esto el paro  y las manifestaciones, con todos sus incidentes, llevan ya tres semanas largas. Y aunque pueden haber disminuido en ímpetu, siguen siendo bastante vigorosas. Los jóvenes manifestantes saben que el gobierno cuenta con su cansancio, y el cansancio en general. Eso no va ocurrir esta vez. 

Hay además cuentas pendientes, principalmente el abuso y la violencia policial, respecto a las cuales no hay probabilidad de que haya concesiones. Mientras el gobierno no se pronuncie enfática y honestamente sobre ese tema, no va a haber tregua. Y hay varias otras exigencias de los parados, respecto a las cuales  tiene que haber respuestas creíbles, antes de que el inconformismo prevalente disminuya apreciablemente.                                                                                   

domingo, enero 17, 2021

Entre lo esencial y lo importante

 Lo más urgente ahora es sobrevivir. Es decir, evitar el contagio del virus. Claro que el Covid19 no es la única causa posible de muerte. Pero por el momento parece ser la más probable. ¿Están tú y tu pareja en un momento de crisis conyugal? ¿Pensando seriamente en separarse, y tal vez divorciarse? ¿Y cómo saber que van a vivir lo suficiente para hacerlo? Para decirlo bruscamente, la muerte puede solucionar en forma radical el problema de convivencia. Escribo esto pensando en los muchos casos reportados de crisis domésticas, agravadas por la pandemia, y sus consecuencias de confinamiento, cierre de escuelas, desempleo. No se trata de proponer una solución general a todas las crisis conyugales en la perspectiva del peligro pandémico. No; de lo que se trata es de concentrarse en lo esencial, dejando un poco de lado lo importante. La supervivencia, propia y ajena, en el contexto familiar, y social, es lo esencial. Las rencillas, los desacuerdos, los problemas económicos, las infidelidades sospechadas o descubiertas, son lo importante. 

Las tensiones familiares, en el contexto de la pandemia, han sido inmensamente frecuentes. Inevitables, en realidad. Muchas de esas crisis son el fruto de procesos larvarios, que las rutinas de la supuesta normalidad previa a la pandemia, disimulaban, aplazaban. El confinamiento forzado, el cierre de actividades cotidianas fuera del hogar, como el empleo, el estudio, el deporte, los bares, los restaurantes, los moteles, los cines, que tramitaban por así decirlo, las desaveniencias latentes en hogares y parejas, han ido acumulando presión, en muchos casos, hasta niveles insoportables. Cuando el hogar se vuelve una cárcel, los residentes comienzan a sentirse, y actuar, como prisioneros. Y se rebelan, y estallan contra el sistema hogareño, al que culpan de sus depresiones, angustias, y paranoias. Esto se entiende, y justifica. Por desgracia, la comprensión del problema no es la solución. 

La situación en la que estamos, fundamentalmente crítica, no tiene otra salida que la paciencia, la tolerancia, la calma en el comportamiento, y la observancia de los procedimientos y medidas indispensables para evitar el contagio de cualquiera de los miembros del grupo familiar. Hay que sobrevivir. Día a día. Hay que atender a las necesidades de superviviencia en la medida de los medios disponibles, sin generar destrucción en el proceso.

Más fácil decirlo, que hacerlo, claro. Es muy arriesgado generalizar en estas cuestiones. Cada persona es un mundo, y cada grupo familiar vive en su propio universo. Por eso tanto asombran las noticias de violencia intra familiar, cuando esas crisis latentes estallan, o llegan a algún evento de climax. La violencia intra familiar, o entre grupos de convivencia, como vecindario, trabajo, aficiones, es tal vez el mayor tipo de violencia en esta sociedad. 

En muchos casos, la violencia y la crueldad intra familiar asumen formas realmente extravagantes,-si es que el concepto puede aplicarse a  la descripción de un hecho violento. Episodios que revelan obvias perturbaciones mentales en sus protagonistas; perturbaciones no del todo infrecuentes en la sociedad en general. Racismo, sado-masoquismo, represión sexual, religiosismo, depravación, codicia. Todo esto incubado, y mezclado, en una sociedad que otorga al lucro y la ganancia lo mejor de sus energías. Todo, de frente o de soslayo, se hace por plata. 

Son muchos, claro está, los factores sociales y económicos que habría que estudiar y analizar para empezar a entender productivamente la problemática familiar, como unidad social que sufre en gran medida los efectos de una pandemia como  la actual. El hecho es que todos los problemas se agravan, y muchos nuevos problemas irrumpen con abrumadora fuerza. Valdría la pena, sin embargo, poner más atención esta clase de problemática, más allá de la mera curiosidad noticiosa. 

Con o sin pandemia, nuestra sociedad sufre una profunda crisis de salud mental, evidente en la violencia cotidiana, el racismo , las adicciones degenerativas, el insaciable armamentismo, la alienación del comportamiento familiar y social, la inclinación a creer mentiras, y teorías conspirativas. El religiosismo, el moralismo, la hipocresía, la codicia, son algunas de  las sazones en que se cultivan tantas anomalías del comportamiento individual y colectivo. Todo esto en una sociedad con una monstruosa desigualdad económica.

miércoles, diciembre 16, 2020

Llegaron las vacunas

 

¿Vacunarnos, o no vacunarnos? He ahí el dilema. ¿Qué es una vacuna? Es un interesante concepto científico y biológico. Se basa en la magia del organismo, cuyo sistema inmunológico es suceptible de "entrenamiento", por así decirlo. La vacuna es una paradoja biológica. Una especie de judo biológico. Se usa la fuerza del virus o bacteria, contra sí mismo. Al ser medio atacado el sistema inmunológico se fortalece, y puede repeler posteriores asaltos del virus o bacteria correspondiente. Las vacunas son extremadamente eficientes para prevenir varias enfermedades, que antes fueron causa de epidemias y gran mortandad. El concepto de vacuna es pues toda una panacea médica y científica. 

Veo en Wikipedia que el inventor de la vacunación fue Edward Jenner, médico y científico inglés, que desarrolló la vacuna contra la viruela, la primera vacuna. Jenner vivió entre los siglos XVIII y XIX (1749-1823). Jenner es considerado como la persona que más vidas ha salvado en toda la historia de la humanidad. 

Las vacunas sin embargo no son perfectas, y siempre hay un riesgo de que no sean suficientemente eficientes; esto debido a diversos factores, que pueden variar, según los individuos vacunados. Hay pues siempre un ligero riesgo en toda vacunación, aunque el margen de confiabilidad es siempre mucho más alto que el riesgo de ineficiencia. 

Lo que no puede negarse es que las vacunas no solo son un grandioso recurso médico, sino un fascinante hecho científico. Aún así, tienen sus enemigos. Es difícil entender las motivaciones de personas que se niegan, por ejemplo, a que sus hijos reciban las vacunas que rutinariamente todos los niños deben recibir, contra enfermedades como viruela, o sarampión. Son por lo general motivaciones religiosas, pero también hay casos de simple desconfianza en el concepto mismo de vacunación. 

El comienzo en Estados Unidos de la vacunación contra el Covid19 es por supuesto una de las mejores noticias del año.  Y ocurre justo el mismo día que el Colegio Electoral declara legalmente elegidos a Joe Biden y Kamala Harris, como presidente y vicepresidente, respectivamente. Es una grata coincidencia. El comienzo del fin de dos pestes: la orgánica, y la política.

Comienza pues ahora un largo, y tal vez dispendioso proceso de vacunación multitudinaria, a nivel mundial. Esperemos que sea lo más fluído, y lo menos problemático posible.

sábado, enero 04, 2020

Vaga Mente


Acerca de Vaga Mente
No tiene tema. Es acerca de todo y de nada. No cubre nada. No informa. No investiga. No revela. No da primicias. No copia, aunque imita. Imita estilo,actitudes. Busca entretener, divertir. Por lo menos a su autor, y algún desprevenido, desocupado lector. Huye de la trivialidad como de la peste. Busca un destino, pero no sabe cual. No es confesional. En fin, es basura bien intencionada. Pero basura. Basura limpia, ascética. Rechaza la depravación, pero no el morbo sano. Rechaza la insidia, la crueldad, la malignidad, la mala fe. Su objetivo fundamental, si es que alguno tiene, es indagar sobre la condición humana. Se pregunta sobre los rasgos y tendencias dominantes de nuestra época. Se preocupa por la crisis de la democracia contemporánea.  Indaga la poética, en español e inglés. En fin, su autor es un sujeto muy curioso y poco disciplinado. Quiere saber de todo, indagar todo, pero en nada se concentra. Empieza muchos libros, termina pocos. Su principal recurso intelectual es su adopción de la confesión socrática: solo sé, que nada sé. 

En fin, la idea es escribir una columna, o serie de artículos, sobre diversos temas, no necesariamente noticiosos, pero interesantes, o de alguna manera significativos. Sobre todo, que muestren aspectos de la condición humana, y sus peripecias cotidianas, desde lo cotidiano cómico, hasta lo trascendental y dramático, y trágico. Las fuentes de estos comentarios serán las noticias cotidianas, especialmente de peripecias y comportamientos personales, de gente ordinaria, y a veces, excepcional. Hay varias, valiosas colecciones de noticias de esa índole. Y todos los días ocurren nuevos incidentes. 

Pasando a la primera persona, asumiendo el riesgo de este punto de vista, confieso que me siento fuera de forma para escribir periodismo, especialmente periodismo noticioso, con sus exigencia de indagación inmediata de hechos y fuentes. Tampoco me siento dispuesto, o preparado,  para escribir comentarios de opinión, sobre los temas acostumbrados en los medios cotidianos. Me aburren los editoriales, aunque reconozco que la mayoría suelen ser interesantes, polémicos, e informativos. Hay plumas excelentes, sobre todo en inglés. Pero yo no soy ése. 

El 5 de agosto de 2012 ocurrieron tres acontecimientos no relacionados, extremadamente reveladores de la condición humana. El  amartizaje del rover Curiosity,el más avanzado vehículo utilizado hasta ahora en la exploración del planeta rojo. Una elocuente muestra de la inteligencia y la capacidad científica de los seres humanos. Ese mismo día, tuvo lugar una masacre en Oak Creek, Wisconsin, donde un individuo de nombre Michael Page mató a seis personas e hirió a otras cuatro en un templo del culto religiosos Sij. Page, que fue abatido en el mismo sitio, fue identificado como un supremacista blanco. En la misma fecha, en Chicago, Illinois, el doctor Donald Liu, cirujano pediatra, se lanzó a las agitadas aguas del Lago Michigan para salvar de ahogarse a dos jovencitos, lo cual logró, aunque pereció en el intento, a pesar de los esfuerzos de sus esposa, también médica, por revivirlo. El cirujano paseaba por las orillas del lago, junto con su esposa y sus tres hijos, cuando percibió a los dos jóvenes a punto de ahogarse, y sin vacilar, se lanzó a socorrerlos, a riesgo de su propia vida. 

Estos tres, coincidenciales hechos, asombran por lo reveladores que son respecto a la condición humana. La asombrosa capacidad del ingenio humano en la proeza espacial del Curiosity. El odio racial, y religioso, y la capacidad para hacer daño a semejantes a quienes ni siquiera conocía, en el caso del asesino de Wisconsin. Y la capacidad para el heroísmo, la generosidad y abnegación, demostradas por el sacrificio del doctor Liu, en Chicago. Podemos ser extremadamente inteligentes, extremadamente crueles, y extremadamente abnegados y generosos. Somos humanos. Un nudo de disposiciones contradictorias, mutuamente excluyentes, pero inequívocamente humanas. Genios. Monstruos. Angeles. 

Esta clase de temas y reflexiones son una muestra de lo que los artículos de Vaga Mente buscan. Hechos, comportamientos, ocurrencias; humanos, demasiado humanos. 
                                       
Quizá esos tres hechos del 5 de agosto de 2012 puedan servir, al menos inicialmente, como pautas o guías temáticas en las búsquedas y comentarios de Vaga Mente. Son hechos ocurridos, u originados, en Estados Unidos, la nación supuestamente más avanzada de la historia. Eso quizá permita  enfocarnos en el escenario Americano, aunque no siempre. Nuestra era abunda en portentos tecnológicos y científicos. Las masacres, y actos de crueldad y violencia son rutinarios. Abundan en Estados Unidos. 

Y los actos de abnegación y heroísmo suceden a diario. Casos asombrosos de desprendimiento y generosidad. Y también de estoicismo. Las sociedades tienden a enaltecer a los grandes líderes, estadistas, militares, empresarios, creadores, artistas, escritores. En menor medida, enaltecen virtudes como la ecuanimidad, el buen juicio; y quizá menos aún, la abnegación y el desprendimiento. Son maneras de ver. No siempre se trata de actos de heroísmo, como el del doctor Liu.  Hay actos heroicos que lo son simplemente por el gran nivel de peligro que el ejecutante desafía. Para mi, cualquier paracaidista es un héroe. Y lo son esos audaces escaladores de rocas y cumbres, aunque sus acciones no necesariamente sean de desprendimiento o generosidad. Son niveles diferentes de conciencia. Pero otras veces el desafío del peligro y la acción abnegada se combinan. Como en el caso del doctor Liu que, por supuesto, no ha sido el único. 

Un caso reciente de esa clase de acción ocurrió en la masacre de Thousand Oaks, donde un ex marine, usando una Glock 21 calibre 45 asaltó un centro de diversión nocturna, poblado por universitarios y otros jóvenes,  aproximadamente a las 11:20 p.m., causando la muerte de nueve hombres y tres mujeres, y heridas a otras doce personas. El arma había sido legalmente adquirida. El asaltante, un ex marine blanco, y sobre tatuado, se autoeliminó en el lugar de los hechos. 

Entre las víctimas figuró el sargento Ron Helus, de la oficina del Sheriff del condado de Ventura, en California. Helus llegó el lugar de los hechos tres minutos después de la llamada hecha al teléfono de emergencias 911, y al oír el tiroteo, no vaciló en entrar al lugar. Según testigos, Helus se enfrentó al asaltante y se interpuso entre este y sus víctimas. Esto le costó la vida, pues fue gravemente herido, y murió poco después de ser llevado por otros oficiales a un centro de urgencias. 

Por desgracia, más que los actos de abnegación y desprendimiento, abundan los actos de malicia, sevicia, crueldad, y otras formas de depredación y abuso de unos seres humanos contra otros. De victimarios contra víctimas. Esto sin incluir aún las múltiples formas de incruentas mala fe y mezquindad. Sería un catálogo demasiado extenso. Lo que sabemos con certeza es que la crueldad y la maldad son rasgos constantes de los seres humanos. 

Entre esos tres ejemplos de genialidad, abnegación, y maldad, los comportamientos humanos incluyen infinidad de otras acciones, a veces simplemente curiosas, a veces loables, otras veces deplorables, incluso risibles y también lamentables. Los seres humanos somos los únicos seres vivientes conscientes de nuestro destino de muerte. Todos, sin excepción, estamos, a sabiendas, en manos del destino. El pasado 27 de octubre, un magnate, propietario del equipo de fútbol de Leicester, Gran Bretaña, murió al explotar su helicóptero privado, acabando de despegar desde la cancha, al término de un partido de la Premier League  jugado por su equipo. Uno reflexiona, ¿fue ese raro suceso una trampa de la propia situación privilegiada del magnate? Si no hubiera sido tan exclusivo en sus costumbres, si se hubiera resignado a abandonar el estadio a pie, como los hinchas de su equipo, para buscar su limusina en los parqueaderos de la instalación, no habría estado en un helicóptero propenso a estallar en llamas. Estaría vivo.  

Son esos guiños del destino, esas piruetas de la fatalidad, esas muecas de la cotidianidad, esas ironías de la suerte, lo que nos interesa mencionar y comentar. En tiempo presente y tiempo pretérito. Las diarias aberraciones del poder y la política no nos son indiferentes, pero no serán el objetivo principal de atención. La crisis de la democracia en Estados Unidos y el mundo, es de insoslayable  interés. Las pantomimas y farsas de los figurones y celebridades políticas y del entretenimiento también. La realidad como espectáculo, y el espectáculo como realidad. Todo eso, visto por la lente casual pero precisa de Vaga Mente. 

Ver más allá de lo evidente, desfamiliarizar la realidad, desmagnetizar las siluetas de las apariencias, trascender el mensaje en busca del significado: eso pretende Vaga Mente. Hay que siempre distinguir entre lo esencial y lo importante. “El discurso del presidente es importante; la caída de las hojas de un árbol es esencial,” decía el fallecido profesor colombiano de periodismo Juan José Saavedra. La realidad con que nos abruman los medios y las redes sociales, y los diferentes actores del escenario público, son elementos de una farsa, a veces dramática, cómica a veces, otras veces trágica. Detrás, o más allá de ese confuso tinglado, se puede percibir la verdad. 



domingo, diciembre 15, 2019

Navidad con una tia indigente, alcohólica, pero de perfecta dentadura


     El caso narrado por la escritora Janet Mackenzie Smith, en su artículo Chritsmas With my Homeless Aunt, publicado en la revista digital Slate, 4 de diciembre de 2012, ilustra no solo una conmovedora tragedia familiar, sino la excepcionalidad de algunos casos de indigencia, o homelessness, en Estados Unidos.  
     
    Cuenta la autora la historia de su tia Debbie, hermana menor de su padre, quien resistió todos los esfuerzos de éste por redimirla de su condición de indigencia, y alcoholismo, padecida pesar de ser élla una persona educada, y de muy buena familia; y a quien vio por última vez en la Navidad de 2007.

   Leyendo el artículo, que conservo en mi colección digital de casos reveladores de la condición humana, bajo el título People, recordé una escena de mi pasado de periodista profesional. Junto con otros colegas del mismo diario, nos habíamos reunido, como junta editorial, con un candidato a la alcaldía de la ciudad de Los Angeles, California; un empresario de mucho éxito y riqueza. 

     En un momento dado, alguien le preguntó qué tratamiento le daría al grave problema de los indigentes. Lo que siguió fue algo muy extraño. Él guardó silencio, mientras sus ojos, notoriamente, se aguaban. Fueron segundos incontables, de un tiempo magnetizado por el evidente sufrimiento del personaje. Por fin, sobreponiendose a su elocuente emoción, aclaró la garganta, y nos dijo: "Ese es un tema que me toca muy de cerca." Volvió a callar, y luego agregó: "Una hermana mia vive en las calles." Se silenció de nuevo, y ante nuestro asombro, agregó: "Ya sé lo qué se preguntan:¿Cómo la hermana de un hombre adinerado puede estar viviendo en las calles?"

     Sin nadie haber pronunciado palabra alguna, ése era el unánime interrogante de nosotros. Nos fue explicando luego los numerosos y denodados esfuerzos hechos por él, otros familiares, y amigos, por convencer a su hermana de que dejara la via pública, y ayudara a normalizar su vida. Hasta ése día, nos confirmó, la mujer, de quien no reveló nombre, ni edad, seguía en la calle. 

     "¿Me creerán, sin duda, si les afirmo que, el de los indigentes, será uno de los asuntos prioritarios de mi administración?", concluyó ya más sereno. Le creímos, claro, y personalmente todavía lamento que no hubiera sido elegido. 

     Su caso, y el que ha dado origen a este comentario, el conmovedor relato de Janet Mackenzie Smith, aunque excepcionales, confirman que el problema de la indigencia es mucho más complejo de lo que aparenta ser; y que sus causas son específicamente individuales, aunque muchas, o en la mayoría de los casos, tengan características semejantes. La más evidente, claro, la carencia de un techo; y las causas económicas y sociales de esto; y lo que, necesariamente, implica.

     Comienza Mackenzie Smith su relato con una sencilla, pero significativa imagen: la comparación entre las dentaduras de su padre y su tia. La de él, visiblemente dispareja. Perfectamente alineada la de ella. ¿La causa de ese contraste? Cuando eran niños, ambos necesitados de un tratamiento ortodóntico, los padres sin embargo solo tenían presupuesto para uno; y siendo ella la niña, obtuvo preferencia sobre su hermano, dos años mayor. 

     El relato de Mackenzie Smith ilustra los casos paralelos y entrelazados de su padre y su tia Debbie, y los efectos de ese drama sobre Smith. Otros miembros de la familia participan periféricamente; uno de sus abuelos, por ejemplo. Pero son ellos tres, el padre, la tia, y la hija y sobrina quienes protagonizan y sufren la conmovedora zaga voluntaria de indigencia y alcoholismo.
      
     Una pregunta que se hacen el padre y la hija es, ¿cuándo, y cómo divergieron las vidas de Debbie y su hermano? Viniendo del mismo hogar, los mismos padres, teniendo las mismas oportunidades, en un momento dado sus destinos irremediablemente se separaron; aunque no perdieron contacto. Smith describe el modo de ser de su padre, y sus esfuerzos por abrirse un camino en la vida, a pesar de iniciales limitaciones intelectuales. Debbie, sin embargo, desde muy joven optó por las drogas y la bebida. Al terminar su adolescencia, refiere Smith, su tia ya era una alcohólica y drogadicta. 

     ¿Hay víctimas, y victimarios en esta historia? Si, claro. El padre, y su hija, son víctimas, aunque de diferente modo, y medida; Debbie, la hermana y tia, es a la vez víctimaria, y víctima de si misma; y de posibles circunstancias, que escapan a la intención y espectro del relato, y solo habrían podido ser identificadas por ejercicios psicoanalíticos; que aunque posibles, y deseables, en muy pocos casos tienen lugar en los relatos individuales y sus entornos familiares. 

     Pero lo que ofrece el relato de Janet es suficiente para ilustrar el dramatismo del caso, y los padecimientos emocionales, y materiales, de sus tres principales protagonistas. Y sus reflejos en la sociedad. En un momento dado, una agencia policial se ve obligada a acusar sin causa real a algunos indigentes, a fin de poder arrestarlos, y así darles techo, y librarlos de los efectos de un severo invierno que, de seguir en las calles, habría puesto seriamente en peligro sus vidas. La tia Debbie fue una de las arrestadas. 

     Ésa fue apenas una de las varias peripecias de la vida indigente de Debbie, en las que frecuentemente se vio involucrado su hermano, en sus insistentes e infructuosos esfuerzos por redimirla; de sí misma, y de su condición de alcohólica, y de habitante de la calle. 

     La lente narrativa se vuelve de pronto hacia la autora del relato, cuando refiere el momento en que por última vez estuvo cerca de su tia, la Navidad de 2007, en Carolina del Norte. El padre de Smith había logrado que su hermana se les uniera para Navidad. Ella llegó con una maleta con sus pertenencias, entre las que figuraban dos ratones blancos. 

     Janet acababa de terminar su año senior in college, y quería ufanarse de su incipiente pericia en el idioma francés, ante su madre, que dominaba ese idioma a la perfección. Su sorpresa fue grande, cuando fue evidente que también su tia Debbie hablaba con fluidez el idioma galo. 

     Con cierto latente remordimiento, cuenta Janet que sintió asco de beber de la taza de té que Debbie había preparado para ella, y brevemente probado, para comprobar la temperatura del brebaje. Su padre lo notó, y llamándola aparte se lo recriminó, pidiéndole que no la tratara como a una homeless. "Pero papá, élla es una homeless", le contesto la hija.  

     Luego de esa Navidad, el padre no pudo evitar que Debbie volviera al bosque, que era el nombre eufemístico que ella daba las calles donde pasaba su vida. Cinco años después, en el Día de Acción de Gracias de 2012, la tia Debbie murió, a causa de una hemorragia esofágica, causada por el alcohol, a los 57 años de edad. 

     Al terminar su relato, Janet trata de comprender la actitud de su padre hacia su tia, y su estado de ánimo luego de la muerte de ésta. Concluye que su padre terminó por sentir cierto "amor rencoroso" hacia su hermana, y que su única opción fue la ser un amoroso testigo de su desperdiciada vida. Janet piensa que, ante el dolor de su padre, su propia única opción es la de ser amorosa testigo de su sufrimiento.

sábado, diciembre 14, 2019

Indigentes y tiroteos


     Entre los varios problemas de la sociedad estadounidense, hay dos particularmente graves y muy dolorosos. Ambos involucran crueldad, sufrimiento, y muerte. Me refiero a los llamados homeless, o indigentes; y la violencia y los miles de muertos y heridos víctimas de las armas de fuego. Las cifras, y los hechos, en ambos casos son escalofriantes. En octubre pasado se informó que en 2019 había habido más matanzas que días trae un año: 366.Al terminar el año, los muertos por armas de fuego llegan casi a 40.000.  
     Practicamente no pasa una semana sin un tiroteo. El más reciente fué esta semana (12/10/19) en New Jersey. Trágica ironía. Uno de los muertos fue un policía, con 15 años de veteranía, campeón del decomiso de armas en la calle. Un verdadero héroe, aun antes de su sacrificio. Imposible calcular cuántas vidas salvo gracias a las armas que decomisó. Incluso muertes accidentales, puesto que las armas suelen dispararse accidentalmente. Desde que hay un arma disponible hay el peligro de una o varias muertes, intencionales o accidentales.     
     En cuanto a los indigentes, se trata de una realidad crónica de esta sociedad, la más rica y próspera de la historia, y que se auto considera la más democrática. La prosperidad y riqueza de Estados Unidos es evidente. En medio, o en torno, de tanta riqueza, casi medio millón de personas, de todas las razas y edades, viven en las calles, bajo puentos, en aleros, en fin, donde pueden. En una noche promedio de 2018 habría habido en Estados Unidos 552,830 personas destechadas, según fuentes confiables. Expuestas al hambre, los elementos, la violencia, incluso entre ellos mismos, la soledad total, la falta de las más elementales comodidades para una vida digna, como un sanitario, una ducha, alimentos esenciales.
       La existencia de los indigentes es un motivo de incomodidad y mala conciencia colectiva. Uno no puede pasar en su auto yendo por la Avenida Venice y pasar bajo el puente de la autopista 405, en el Oeste de Los Angeles, sin sentir un cosquilleo de malestar moral al ver, a lado y la lado de la amplia avenida, las carpas y toldas en las que se refugian docenas de personas, hombres, y mujeres, viejos y jóvenes, de diversas razas. O cuando uno lee las conmovedoras historias sobre homeless escritas por el columnista Steve Lopez, del LA Times. Como aquella de la mujer y el joven cuyo esposo y padre murió indigente en Los Angeles, y vinieron a reclamar el cuerpo.
     La naturaleza del problema es difícil de establecer. A simple vista, se trata de cientos, o miles de personas, depende la ciudad, que carecen de vivienda. Eso es obvio, pues nadie se va a vivir voluntariamente a la via pública. En cada caso, hay causas diversas, la más evidente la falta de recursos económicos. Se trataría pues de un nivel extremo de pobreza. Pero también puede tratarse de casos de violencia doméstica, o rechazo familiar, por cualquier causa. Casos de desempleo crónico, que a su vez han de tener causas my diversas. Pues cada persona es un caso diferente, y por ello es mejor no generalizar. Que es lo que, con la mejor voluntad, hacen a veces los funcionarios y autoridades que se preocupan por tratar de aliviar de alguna manera este grave padecimiento social. 
     Como el problema obvio es la falta de techo, la posible solución más lógica sería, claro, construir conjuntos habitables, para invitar a las personas sin techo e refugiarse en ellos. Es lo que en el argot urbanístico estadounidense se denominan "Proyectos". Pero estos planes, aparte de sus enormes costos y gravámenes, suelen tropezar con la resistencia de las comunidades o vecindarios en donde las autoridades proponen ubicarlos. 
    Lo más aterrador de estos dos problemas, la indigencia masiva, y las recurrentes matanzas, es el aparente conformismo del público en general. Es decir, indigencia y tiroteos son síntomas de esa especie de modorra colectiva, que afecta a la sociedad gringa. Esa modorra social contrasta con el furor racista, y religioso, y la xenophobia,y  la extrema parcialidad política.
     Eso nos lleva al modo de ser habitual del público gringo respecto a la política. Los gringos no votan por, sino contra. Votan contra los negros, los latinos, los inmigrantes, los islámicos, los homosexuales, los trans sexuales;  los otros. Eso explica en buena parte la popularidad de Donald Trump entre el votante blanco promedio. El discurso de éste exacerba todos los prejuicios, y fobias, de ese promedio electoral.
   El votante por Trump se siente representado en la rabia de éste. Su desconfianza de las instituciones, en cierto modo justificada, se excita ante la conducta irreverente de Trump hacia aquéllas. Puesto a escoger entre propuestas encaminadas a lograr una más equitativa distribución de la riqueza, o contrarrestar el desastre climatico, y el discurso anti inmigrante, o xenofóbico, el votante trumpista opta por lo segundo.  Ésto a pesar de que, según fuentes confiables, un 44% de los americanos en edad productiva, y sus familias, ganan menos de 19,000 dólares al año. Con eso tienen que costear vivienda, salud, mercado, educación; todo.
     Sin embargo, muchos de esos votantes, viven obsesionados con sus prejuicios racistas, y xenofóbicos, y es a estos temas a los que atienden a la hora de votar.
   Eso se llama alienación. Es decir, extrañamiento de sus verdaderos intereses, en aras de prejuicios y obsesiones inválidas. Viven la política como una guerra contra otros, a quienes consideran sus enemigos, a quienes erróneamente culpan de sus problemas. El discurso manipulador, el llamado dog whistling, los aliena, los distrae de la realidad y las verdaderas causas de sus problemas. Trump y sus secuaces son expertos en esa clase de discurso.
     Ese estado de alienación es lo que impide a los ciudadanos estadounidenses percibir y comprender plenamente su compleja problemática social, política, y económica. Eso les impide actuar como deberían hacerlo, a fin de usar las instituciones políticas para corregir las diversas anomalías que afectan a esta sociedad.
     Como las causas y magnitud del problema de los indigentes; como las causas y magnitud del problema de violencia cotidiana que afecta a esta sociedad. 
    En el, ya inminente 2020, Rayuela62.blogspot.com dedicará mucha atención a éstos, y otros graves problemas de la sociedad estadounidense.

martes, diciembre 10, 2019

Una época interesante

¿Cómo definiríamos nuestra época? Inventario de atrocidades y esperpentos. Pero también de maravillas y portentos. Y extrañas peculiaridades. Si, tiene esta época sus rasgos únicos, peculiares. Es un tiempo en el que el apocalípsis amenaza volverse rutina. Vivimos al borde de un incierto, indefinible abismo. Se acabó la guerra fría, pero el peligro de destrucción nuclear es más latente que nunca antes. Durante la guerra fría había dos superpoderes, extremadamente autocontrolados, mutuamente temerosos. Hubo momentos críticos, como la crisis cubana. Pero la guerra de Vietnam nunca amenazó desatar un holocausto atómico. Finalmente, la temida Unión Soviética, la portentosa URSS de nuestra infancia y juventud, colapsó sin pena ni gloria, y sin amenazar a nadie. Simplemente se desmoronó. Muy distinta es la actual circunstancia mundial. Hay tres megalómanos todopoderosos, con capacidad atómica comprobada. 

     Pero ni el peligro nuclear, ni los conflictos regionales son algo nuevo, exclusivo de nuestros tiempos. Claro que el conflicto sirio si ofrece algunas peculiaridades sin precedentes. Pero como conflicto regional, no es algo nuevo. Una forma de violencia que ha adquirido sus propios rasgos en nuestra época, es el terrorismo militante, que se combina con otros factores contemporáneos.

   Hay pues que precisar lo que es típico, exclusivo de nuestros tiempos. La nuestra es caracterizada por algunos expertos como la Edad, o Era Digital. Y aunque la tecnología digital proviene de décadas anteriores, y sus orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XX, desarrollos como las comunicaciones digitales, el correo electrónico, Internet, son típicamente nuestros. Igualmente la telefonía celular inteligente, y las redes sociales. Otros rasgos propio nuestro tiempo son la Inteligencia Artificial (AI), la robótica, y los avances en tecnologías como la modificación genética, y la cíber biología. 

   Esto tiene otros nombres, creo, pero por ahora estas denominaciones funcionan. Igualmente se habla de conceptos como transhumanismo, y pos humanismo, que merecen atención especial. Se especula sobre máquinas espirituales (Ray Kurzweil, "The Age of Spiritual Machines, 2000), y la evolución hacia una humanidad pos biológica.

   (Todo esto es válido, pero todavía siento que no he identificado el rasgo o rasgos inconfundíblemente típicos de nuestra época.)

   ¿Edad de la información? Bueno, lo cierto es que vivimos bajo el influjo, o el efecto de la tecnología digital, y sus diferentes elementos. La complejidad digital ha ido dando lugar a un nuevo, vasto campo intelectual, mental, y profesional, al que podemos denominar, codigografía, o codigología, o codigotécnia, quizá. ¿O más bien, programática? En fin, la ciencia, o arte de manipular los diferentes algoritmos, o lenguajes digitales. Vastísimo, complicado campo, que se extiende y complica permanentemente. 

  Eso lleva al extremo la profecía del rey Thamus, profusamente aludido por el crítico tecnológico Neil Postman en su libro Technology The Surrender of Culture to Technology. Una clase de expertos toma control, adquiere privilegios, ostenta ínfulas de superioridad sobre el resto de los mortales, ignorantes de las complejidades programáticas. Pero no solo eso. La práctica de la codificación cambia la mentalidad de los programadores, que se pueden tornar ignorantes de otros saberes humanos, que consideren irrelevantes. Los programadores ganan buenos salarios, tienden a ser ricos, no necesitan doctorados o conocimientos humanísticos o sociológicos, ni siquiera historia, y pueden ser ideológicamente primitivos, y hasta regresivos.  O peor aún, éticamente neutros. Lo que nos lleva a temer un tenebroso panorama de distopías sociales.

   Somos la época de Google, Facebook, Amazon.com, Apple; de Twitter, Tumblr,  y WhatsApp. Del e-mail. Al consumismo masivo, desmesurado, se agrega el narcisismo incontrolable, que impúdicamente se exhibe en las redes sociales, aderezado a veces con toda clase vulgaridades, insultos, improperios. Y falacias.Vivimos la época de la pos verdad. El politólogo Nathaniel Persily  se preguntaba  en la revista especializada Journal of Democracy: ¿Podrá la democracia sobrevivir a Internet?

   Este ha sido el tiempo de Bill Gates, y Steve Jobs (q.e.p.d.); y es el tiempo de Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, y otros genios por el estilo. También de George Soros y Warren Buffet. Esta no es una época de Newtons, o Einsteins.  Tampoco de Marxes (?), o Webers. Stephen Hawkings, claro, era la excepción. Pero él era un intelectual cosmológico, un teórico, no un experimentalista. 

   Sin embargo, la física, y la mecánica cuántica están teniendo su revancha en el Large Hadron Collider, esa ciclópea extravagancia científica, un túnel que se extiende en círculo subterráneo en los territorios de Francia y Suiza. Y que causó una carnavalesca explosión de euforia científica en 2012 al comprobar la existencia del hasta entonces fantasmagórico Higgs Bosón. Hallazgo que reafirmó la teoría cuántica, y la rescató del dudoso limbo de la anti-materia, la materia oscura, los huecos negros, y los universos paralelos. 

El  miércoles 10 de abril de 2019, como todos los días sucedieron toda clase de hechos, reveladores de la condición humana. Pero no todos los días surgen hechos ubicados en lugares extremos del tiempo y del espacio. Como ese día. Por primera vez, gracias a un alarde de fotografía cosmológica, se logró fotografiar un hueco negro, situado a la módica distancia de 50,000 millones de años luz de aquí. ¿Cuál es la velocidad de la la luz? Según Wikipedia, es de 299,792,458 metros por segundo, aproximadámente 300,000 k/s, ó sea 186,000 millas por segundo. No hay razón pues para inquietarnos por el riesgo de ser tragados por este recién fotografiado agujero negro. 

Sin embargo, el concepto de un hueco negro, que los científicos consideran un"peso pesado" en su cósmica categoría, y la increíble distancia a la que se encuentra y ha sido fotografiado dazes the mind. ¿Qué es un hueco negro? Para ponerlo en los términos más generales, un hueco negro es una entidad cósmica con tanta fuerza de gravedad, que nada que llegue a cierta distancia puede escapar a su atracción, ni siquiera la luz. Hasta hoy, sin embargo, la de hueco negro era una noción teórica, fruto de cálculos y deducciones astrofísicas.  

   Si, nuestra época es épica en ciencia, tecnología, empresariado, creatividad, pero también…
   
   En nuestra época, persisten todos los vicios y defectos de la condición humana, exacerbados por la tecnología, y la globalizaciön. La globalización, que disuelve las fronteras ante la morbosa expansión capitalista. La ciencia, que tantos beneficios nos ha dado, nos ha deparado también la bomba atómica, que puede ser el instrumento de un apocalipsis instantáneo. La producción para el consumo, necesario o suntuoso, acelera el calentamiento del clima, y su consiguiente degeneración, con devastadoras consecuencias, que ya comienzan a sentirse. El asolamiento de los bosques y selvas debido a catastróficos incendios, empobrece las fuentes de agua y oxígeno, generando aridez y sequía. 

   A todos estos problemas, originados en la exacerbación capitalista, se suman endémicos problemas de hambre y pobreza, que a su vez generan conflictos sociales extremadamente violentos y destructivos, e incontrolables olas migratorias. El máximo avance científico y tecnológico, convive y alterna con extremos de superstición y fanatismo, que se manifiesta en brotes tan espantosos como el terrorismo de grupos como Al-Qaeda, organización causante del ataque del 9/11 en Nueva York, y otros devastadores atentados; y del autodenominado estado islámico (Isis), cuya ferocidad y extrema crueldad han sido  realmente aterradores. Todo esto en un contexto político de inestabilidad, radicalismo, incompetencia, que se manifiesta en expresiones como el Brexit británico, la crisis europea, el Bolsonaro brasileño, y la presidencia de Donald Trump; con su agenda antihumanitaria, anticlimática, racista, y belicista.

      Nos lleva esto al tema de la crisis de la democracia. Múltiples son los indicios de este fenómeno. Los problemas de la democracia no son nuevos, todo lo contrario. Nunca ha habido una democracia perfecta, y aun las más tradicionales, como la británica, y la estadounidense, han adolecido de profundas deficiencias a lo largo de sus respectivas sagas históricas. Hay además arraigados prejuicios intelectuales y emocionales a propósito del concepto de democracia. Varios factores han venido, recientemente, exacerbando los problemas endémicos de la democracia en varios países. Entre esos factores: cambio  de los modelos económicos tradicionale; incremento de la desigualdad económica; extrema concentración de la riqueza; manipulación de la información; creciente influencia del dinero en la política; baja o inepta participación electoral.

   Capítulo aparte, y análisis propio, merece lo que podríamos denominar la paradoja de la democracia. Consiste esta en que por mayoría de votos  un pueblo o conglomerado social puede optar por eliminar la democracia, o los principios más relevantes de esta. Es decir, que al contrario de lo que convencionalmente se cree, no necesariamente son las tiranías, o las dictaduras los principales enemigos de la democracia. No; los principales factores negativos de la democracia, suelen ser los votantes. 


   La mayoría electoral es un elemento esencial de la democracia, pero no es suficiente. Las mayorías pueden tomar a veces las peores o más torpes decisiones electorales, como ha ocurrido en Estados Unidos (1), y en Gran Bretaña, y en Turquía. Ah, y en Colombia. Las causas de esas decisiones erradas suelen ser la ignorancia de los asuntos públicos, prejuicios ideológicos, fanatismo, sectarismo, racismo, xenofobia, y simple mala fe. 

   El más persistente y hermoso mito de la democracia es la idea de que es el gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo, tan de buena fe promulgado por uno de los más democráticos líderes de la historia, el presidente Abraham Lincoln, en su famoso y justamente celebrado discurso de Gettysburg (19 de noviembre de 1863).  Pero los electores rara vez está bien enterados de los asuntos públicos, suelen obedecer a consignas partidarias, con frecuencia padecen de prejuicios racistas o clasistas. Por mayoría de votos, pues, todos los valores democráticos, incluso la democracia misma, pueden ser democráticamente abolidos.

      Pero no solo eso. Los electores pueden votar directamente por representantes y políticas que van en contra de sus más importantes intereses. El académico Ian Haney López, de la Universidad de California, Berkeley, explica esa anomalía política en su libro Dog Whistle Politics. El término dog whistle, que literalmene alude a un silbido perruno que sólo los mismos perros escuchan, tiene amplio y reiterado significado en el argot político. 


   Consultando Wikipedia, encuentro que el uso del término se originó al parecer en la política australiana, y su fuente original fueron los sondeos de opinión, en los que se usan subterfugios terminológicos para inducir respuestas por parte de los encuestados, que pueden ser interpretadas en sentidos diferentes, o incluso opuestos a los que aquellos pretendieron en sus respuestas. Es decir, es una forma de engaño conceptual, que se ha transferido al discurso político, con el fin de manipular y engañar al electorado. La práctica tiene otros nombres, menos coloquiales, como “lenguaje codificado,” pero “dog whistling” es de amplio uso en todas las culturas políticas que se expresan en inglés. 

   El ejemplo más reciente de “dog whistling” ha sido, claro, el de la campaña presidencial de Donald Trump en 2016, que logró despertar el apoyo de los trabajadores blancos, y otros grupos desfavorecidos, a pesar de sus obvias intenciones de usar el poder para beneficiar a las élites corporativas a las que él pertenece. Por eso la inicial densidad multimillonaria de su gabinete ministerial. Pero también sus propuestas, como la de despojar del seguro de salud a millones de personas, muchos de ellos votantes en favor suyo. Y otras atrocidades conceptuales y políticas de su administración. 


   Lo de Trump, claro, es un fenómeno más complejo, con variados elementos, sin precedentes cercanos en la tradición política estadounidense. Pero el elemento de fondo es básicamente la inconsecuencia de los votantes, y la manipulación y el engaño de que han venido siendo víctimas fervientes.

   La irracionalidad humana, la escasez del sentido común, han sido evidentes en la diaria realidad de las culturas de todos los tiempos, incluyendo las más avanzadas como la nuestra. Los psicólogos usan el término “razón motivada,” para explicar la tendencia humana a opinar e interpretar de acuerdo a intereses personales y prejuicios. La crisis de la razón es también un tema de estudio en la tradición de la teoría crítica, promovida en el siglo XX por el grupo de filósofos y sociólogos de la famosa Escuela de Frankfurt, a la que pertenecieron, entre otros, Adorno, Horkheimer, y Marcuse. 


   Los votantes gringos son en general presa muy fácil de la manipulación de los propagandistas políticos. Los gringos, especialmente los de los estados del centro y el sur, suelen ser supersticiosos, abrigan impulsos y sentimientos racistas, desconfían de las personas de diferentes grupos o pertenencias étnicas. Los políticos usan discursos diseñados para exacerbar esas tendencias emocionales, atribuyendo a los negros, los inmigrantes, las personas de otras religiones, todos los males que los aquejan. 


   Se trata de un problema muy intrincado de interpretación socio política. Un texto reciente se dedica a desmentir el mito de la racionalidad del elector en las democracias contemporáneas (Bryan Caplan: “The Myth of the Rational Voter Why democracies choose bad policies”). Aunque no todas sus conclusiones son acertadas, es un estudio bastante pertinente al respecto.
                                                                      
   La reflexión anterior puede y debe continuarse. Son varios los tópicos y temas que hay que investigar y sobre los cuales reflexionar, hacía una teoría general de la condición humana en nuestra época. Sin pretensiones científicas, pero nutriéndose de todas las fuentes de información pertinentes. La conciencia, la mente y el cerebro. El misterio del tiempo. O sobre la naturaleza del tiempo. Una aproximación filosófica al tema de la tecnología y su impacto sobre la condición humana. Dentro de un marco general, que incluya las reflexiones más generales sobre el tema, éste debe circunscribirse a la revolución digital, la era digital, o la 4ª revolución industrial, como prefieren llamarla el filósofo italiano Luciano Floridi, y el economista Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del World Economic Forum. Sus enfoques y conceptos difieren, pero el tema de fondo es el mismo: la actual revolución tecnológica y sus efectos en las sociedades contemporáneas. Ambos textos interesantes, originales, e informativos. En extremo interesantes. 

   Conviene sin embargo enmarcarlos dentro de una consideración general del debate filosófico sobre la tecnología, y su rol en la evolución y desarrollo históricos de la humanidad. Un tema inagotable, por supuesto. E inevitable, si uno quiere aproximarse a comprender o explicar los rasgos definitorios de nuestra era.

   El tema que sigue es el ya mencionado de la democracia, y la crisis que afecta a las democracias más sólidas y tradicionales de Occidente, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Holanda y Alemania. Brexit en Gran Bretaña, Trump en Estados Unidos. Ciertamente Emmanuel Macron barrió en Francia, llevándose no sólo la presidencia, sino las mayorías parlamentarias, pero Marine Le Pen y sus partidarios de extrema derecha lograron grandes avances.  En Holanda ocurre una situación parecida.

   El foco principal de atención debe centrarse por supuesto en Estados Unidos, cuya democracia, bajo el disparatado gobierno de Trump, pasa por un momento de crisis sin precedentes. Claro que Trump es sobre todo un síntoma. El problema, ya mencionado,  son los electores que le dieron la victoria. 


   La pregunta clave es pues, ¿cómo y por qué gano Trump las elecciones del 8 de noviembre de 2016? Este interrogante, y sus respuestas, porque hay varias, es el meollo de una cuestión más general. Los cambios económicos que han aumentado la gran concentración del ingreso y la riqueza, con el consiguiente aumento de la enorme desigualdad económica, y causado la desestabilización de la clase media y el aumento de la pobreza. 


Como ya se observó, el globalismo capitalista ha exportado sus empleos a mercados laborales más baratos, a países periféricos, especialmente de Asia y América Latina, generando creciente desempleo entre la clase trabajadora tradicional. Durante las cuatro últimas décadas, la economía de Estados Unidos ha ido dejando de ser una economía manufacturera para convertirse sobre todo en una economía de servicios. Esto ha causado la supresión de millones de empleos fabriles, cuyos ocupantes no han encontrado manera de adaptarse a los nuevos empleos, mayoritariamente técnicos y de destrezas digitales. Los avances tecnológicos, la Inteligencia Artificial y la robótica han venido eliminando empleos, cuyas tareas son ejecutadas por programas digitales. 

    Ojalá te toque vivir una época interesante, se supone que propone una maldición china. La nuestra con seguridad califica. 
                                                            **************************** 
(1)  Estados Unidos es una anomalía en lo referente al rol de las mayorías electorales, debido a la institución del Colegio Electoral. En las presidenciales de 2000 el demócrata Al Gore obtuvo cerca de medio millón más de votos que su rival republicano George W. Bush. Sin embargo, luego de una decisión extremadamente controversial de la Corte Suprema, el triunfo le fue adjudicado a Bush. En noviembre de 2016, Hillary Clinton obtuvo casi tres millones más de votos que Donald Trump. Este sin embargo logró más delegados  en el Colegio Electoral, y ganó holgadamente la presidencia. Aunque parece ser muy antidemocrático, el Colegio Electoral no lo es tanto. Se trata de una institución surgida como consecuencia del sistema federal de gobierno de Estados Unidos. Más adelante Rayuela 62 se ocupará adecuadamente del tema.