domingo, diciembre 15, 2019

Navidad con una tia indigente, alcohólica, pero de perfecta dentadura


     El caso narrado por la escritora Janet Mackenzie Smith, en su artículo Chritsmas With my Homeless Aunt, publicado en la revista digital Slate, 4 de diciembre de 2012, ilustra no solo una conmovedora tragedia familiar, sino la excepcionalidad de algunos casos de indigencia, o homelessness, en Estados Unidos.  
     
    Cuenta la autora la historia de su tia Debbie, hermana menor de su padre, quien resistió todos los esfuerzos de éste por redimirla de su condición de indigencia, y alcoholismo, padecida pesar de ser élla una persona educada, y de muy buena familia; y a quien vio por última vez en la Navidad de 2007.

   Leyendo el artículo, que conservo en mi colección digital de casos reveladores de la condición humana, bajo el título People, recordé una escena de mi pasado de periodista profesional. Junto con otros colegas del mismo diario, nos habíamos reunido, como junta editorial, con un candidato a la alcaldía de la ciudad de Los Angeles, California; un empresario de mucho éxito y riqueza. 

     En un momento dado, alguien le preguntó qué tratamiento le daría al grave problema de los indigentes. Lo que siguió fue algo muy extraño. Él guardó silencio, mientras sus ojos, notoriamente, se aguaban. Fueron segundos incontables, de un tiempo magnetizado por el evidente sufrimiento del personaje. Por fin, sobreponiendose a su elocuente emoción, aclaró la garganta, y nos dijo: "Ese es un tema que me toca muy de cerca." Volvió a callar, y luego agregó: "Una hermana mia vive en las calles." Se silenció de nuevo, y ante nuestro asombro, agregó: "Ya sé lo qué se preguntan:¿Cómo la hermana de un hombre adinerado puede estar viviendo en las calles?"

     Sin nadie haber pronunciado palabra alguna, ése era el unánime interrogante de nosotros. Nos fue explicando luego los numerosos y denodados esfuerzos hechos por él, otros familiares, y amigos, por convencer a su hermana de que dejara la via pública, y ayudara a normalizar su vida. Hasta ése día, nos confirmó, la mujer, de quien no reveló nombre, ni edad, seguía en la calle. 

     "¿Me creerán, sin duda, si les afirmo que, el de los indigentes, será uno de los asuntos prioritarios de mi administración?", concluyó ya más sereno. Le creímos, claro, y personalmente todavía lamento que no hubiera sido elegido. 

     Su caso, y el que ha dado origen a este comentario, el conmovedor relato de Janet Mackenzie Smith, aunque excepcionales, confirman que el problema de la indigencia es mucho más complejo de lo que aparenta ser; y que sus causas son específicamente individuales, aunque muchas, o en la mayoría de los casos, tengan características semejantes. La más evidente, claro, la carencia de un techo; y las causas económicas y sociales de esto; y lo que, necesariamente, implica.

     Comienza Mackenzie Smith su relato con una sencilla, pero significativa imagen: la comparación entre las dentaduras de su padre y su tia. La de él, visiblemente dispareja. Perfectamente alineada la de ella. ¿La causa de ese contraste? Cuando eran niños, ambos necesitados de un tratamiento ortodóntico, los padres sin embargo solo tenían presupuesto para uno; y siendo ella la niña, obtuvo preferencia sobre su hermano, dos años mayor. 

     El relato de Mackenzie Smith ilustra los casos paralelos y entrelazados de su padre y su tia Debbie, y los efectos de ese drama sobre Smith. Otros miembros de la familia participan periféricamente; uno de sus abuelos, por ejemplo. Pero son ellos tres, el padre, la tia, y la hija y sobrina quienes protagonizan y sufren la conmovedora zaga voluntaria de indigencia y alcoholismo.
      
     Una pregunta que se hacen el padre y la hija es, ¿cuándo, y cómo divergieron las vidas de Debbie y su hermano? Viniendo del mismo hogar, los mismos padres, teniendo las mismas oportunidades, en un momento dado sus destinos irremediablemente se separaron; aunque no perdieron contacto. Smith describe el modo de ser de su padre, y sus esfuerzos por abrirse un camino en la vida, a pesar de iniciales limitaciones intelectuales. Debbie, sin embargo, desde muy joven optó por las drogas y la bebida. Al terminar su adolescencia, refiere Smith, su tia ya era una alcohólica y drogadicta. 

     ¿Hay víctimas, y victimarios en esta historia? Si, claro. El padre, y su hija, son víctimas, aunque de diferente modo, y medida; Debbie, la hermana y tia, es a la vez víctimaria, y víctima de si misma; y de posibles circunstancias, que escapan a la intención y espectro del relato, y solo habrían podido ser identificadas por ejercicios psicoanalíticos; que aunque posibles, y deseables, en muy pocos casos tienen lugar en los relatos individuales y sus entornos familiares. 

     Pero lo que ofrece el relato de Janet es suficiente para ilustrar el dramatismo del caso, y los padecimientos emocionales, y materiales, de sus tres principales protagonistas. Y sus reflejos en la sociedad. En un momento dado, una agencia policial se ve obligada a acusar sin causa real a algunos indigentes, a fin de poder arrestarlos, y así darles techo, y librarlos de los efectos de un severo invierno que, de seguir en las calles, habría puesto seriamente en peligro sus vidas. La tia Debbie fue una de las arrestadas. 

     Ésa fue apenas una de las varias peripecias de la vida indigente de Debbie, en las que frecuentemente se vio involucrado su hermano, en sus insistentes e infructuosos esfuerzos por redimirla; de sí misma, y de su condición de alcohólica, y de habitante de la calle. 

     La lente narrativa se vuelve de pronto hacia la autora del relato, cuando refiere el momento en que por última vez estuvo cerca de su tia, la Navidad de 2007, en Carolina del Norte. El padre de Smith había logrado que su hermana se les uniera para Navidad. Ella llegó con una maleta con sus pertenencias, entre las que figuraban dos ratones blancos. 

     Janet acababa de terminar su año senior in college, y quería ufanarse de su incipiente pericia en el idioma francés, ante su madre, que dominaba ese idioma a la perfección. Su sorpresa fue grande, cuando fue evidente que también su tia Debbie hablaba con fluidez el idioma galo. 

     Con cierto latente remordimiento, cuenta Janet que sintió asco de beber de la taza de té que Debbie había preparado para ella, y brevemente probado, para comprobar la temperatura del brebaje. Su padre lo notó, y llamándola aparte se lo recriminó, pidiéndole que no la tratara como a una homeless. "Pero papá, élla es una homeless", le contesto la hija.  

     Luego de esa Navidad, el padre no pudo evitar que Debbie volviera al bosque, que era el nombre eufemístico que ella daba las calles donde pasaba su vida. Cinco años después, en el Día de Acción de Gracias de 2012, la tia Debbie murió, a causa de una hemorragia esofágica, causada por el alcohol, a los 57 años de edad. 

     Al terminar su relato, Janet trata de comprender la actitud de su padre hacia su tia, y su estado de ánimo luego de la muerte de ésta. Concluye que su padre terminó por sentir cierto "amor rencoroso" hacia su hermana, y que su única opción fue la ser un amoroso testigo de su desperdiciada vida. Janet piensa que, ante el dolor de su padre, su propia única opción es la de ser amorosa testigo de su sufrimiento.

sábado, diciembre 14, 2019

Indigentes y tiroteos


     Entre los varios problemas de la sociedad estadounidense, hay dos particularmente graves y muy dolorosos. Ambos involucran crueldad, sufrimiento, y muerte. Me refiero a los llamados homeless, o indigentes; y la violencia y los miles de muertos y heridos víctimas de las armas de fuego. Las cifras, y los hechos, en ambos casos son escalofriantes. En octubre pasado se informó que en 2019 había habido más matanzas que días trae un año: 366.Al terminar el año, los muertos por armas de fuego llegan casi a 40.000.  
     Practicamente no pasa una semana sin un tiroteo. El más reciente fué esta semana (12/10/19) en New Jersey. Trágica ironía. Uno de los muertos fue un policía, con 15 años de veteranía, campeón del decomiso de armas en la calle. Un verdadero héroe, aun antes de su sacrificio. Imposible calcular cuántas vidas salvo gracias a las armas que decomisó. Incluso muertes accidentales, puesto que las armas suelen dispararse accidentalmente. Desde que hay un arma disponible hay el peligro de una o varias muertes, intencionales o accidentales.     
     En cuanto a los indigentes, se trata de una realidad crónica de esta sociedad, la más rica y próspera de la historia, y que se auto considera la más democrática. La prosperidad y riqueza de Estados Unidos es evidente. En medio, o en torno, de tanta riqueza, casi medio millón de personas, de todas las razas y edades, viven en las calles, bajo puentos, en aleros, en fin, donde pueden. En una noche promedio de 2018 habría habido en Estados Unidos 552,830 personas destechadas, según fuentes confiables. Expuestas al hambre, los elementos, la violencia, incluso entre ellos mismos, la soledad total, la falta de las más elementales comodidades para una vida digna, como un sanitario, una ducha, alimentos esenciales.
       La existencia de los indigentes es un motivo de incomodidad y mala conciencia colectiva. Uno no puede pasar en su auto yendo por la Avenida Venice y pasar bajo el puente de la autopista 405, en el Oeste de Los Angeles, sin sentir un cosquilleo de malestar moral al ver, a lado y la lado de la amplia avenida, las carpas y toldas en las que se refugian docenas de personas, hombres, y mujeres, viejos y jóvenes, de diversas razas. O cuando uno lee las conmovedoras historias sobre homeless escritas por el columnista Steve Lopez, del LA Times. Como aquella de la mujer y el joven cuyo esposo y padre murió indigente en Los Angeles, y vinieron a reclamar el cuerpo.
     La naturaleza del problema es difícil de establecer. A simple vista, se trata de cientos, o miles de personas, depende la ciudad, que carecen de vivienda. Eso es obvio, pues nadie se va a vivir voluntariamente a la via pública. En cada caso, hay causas diversas, la más evidente la falta de recursos económicos. Se trataría pues de un nivel extremo de pobreza. Pero también puede tratarse de casos de violencia doméstica, o rechazo familiar, por cualquier causa. Casos de desempleo crónico, que a su vez han de tener causas my diversas. Pues cada persona es un caso diferente, y por ello es mejor no generalizar. Que es lo que, con la mejor voluntad, hacen a veces los funcionarios y autoridades que se preocupan por tratar de aliviar de alguna manera este grave padecimiento social. 
     Como el problema obvio es la falta de techo, la posible solución más lógica sería, claro, construir conjuntos habitables, para invitar a las personas sin techo e refugiarse en ellos. Es lo que en el argot urbanístico estadounidense se denominan "Proyectos". Pero estos planes, aparte de sus enormes costos y gravámenes, suelen tropezar con la resistencia de las comunidades o vecindarios en donde las autoridades proponen ubicarlos. 
    Lo más aterrador de estos dos problemas, la indigencia masiva, y las recurrentes matanzas, es el aparente conformismo del público en general. Es decir, indigencia y tiroteos son síntomas de esa especie de modorra colectiva, que afecta a la sociedad gringa. Esa modorra social contrasta con el furor racista, y religioso, y la xenophobia,y  la extrema parcialidad política.
     Eso nos lleva al modo de ser habitual del público gringo respecto a la política. Los gringos no votan por, sino contra. Votan contra los negros, los latinos, los inmigrantes, los islámicos, los homosexuales, los trans sexuales;  los otros. Eso explica en buena parte la popularidad de Donald Trump entre el votante blanco promedio. El discurso de éste exacerba todos los prejuicios, y fobias, de ese promedio electoral.
   El votante por Trump se siente representado en la rabia de éste. Su desconfianza de las instituciones, en cierto modo justificada, se excita ante la conducta irreverente de Trump hacia aquéllas. Puesto a escoger entre propuestas encaminadas a lograr una más equitativa distribución de la riqueza, o contrarrestar el desastre climatico, y el discurso anti inmigrante, o xenofóbico, el votante trumpista opta por lo segundo.  Ésto a pesar de que, según fuentes confiables, un 44% de los americanos en edad productiva, y sus familias, ganan menos de 19,000 dólares al año. Con eso tienen que costear vivienda, salud, mercado, educación; todo.
     Sin embargo, muchos de esos votantes, viven obsesionados con sus prejuicios racistas, y xenofóbicos, y es a estos temas a los que atienden a la hora de votar.
   Eso se llama alienación. Es decir, extrañamiento de sus verdaderos intereses, en aras de prejuicios y obsesiones inválidas. Viven la política como una guerra contra otros, a quienes consideran sus enemigos, a quienes erróneamente culpan de sus problemas. El discurso manipulador, el llamado dog whistling, los aliena, los distrae de la realidad y las verdaderas causas de sus problemas. Trump y sus secuaces son expertos en esa clase de discurso.
     Ese estado de alienación es lo que impide a los ciudadanos estadounidenses percibir y comprender plenamente su compleja problemática social, política, y económica. Eso les impide actuar como deberían hacerlo, a fin de usar las instituciones políticas para corregir las diversas anomalías que afectan a esta sociedad.
     Como las causas y magnitud del problema de los indigentes; como las causas y magnitud del problema de violencia cotidiana que afecta a esta sociedad. 
    En el, ya inminente 2020, Rayuela62.blogspot.com dedicará mucha atención a éstos, y otros graves problemas de la sociedad estadounidense.

martes, diciembre 10, 2019

Una época interesante

¿Cómo definiríamos nuestra época? Inventario de atrocidades y esperpentos. Pero también de maravillas y portentos. Y extrañas peculiaridades. Si, tiene esta época sus rasgos únicos, peculiares. Es un tiempo en el que el apocalípsis amenaza volverse rutina. Vivimos al borde de un incierto, indefinible abismo. Se acabó la guerra fría, pero el peligro de destrucción nuclear es más latente que nunca antes. Durante la guerra fría había dos superpoderes, extremadamente autocontrolados, mutuamente temerosos. Hubo momentos críticos, como la crisis cubana. Pero la guerra de Vietnam nunca amenazó desatar un holocausto atómico. Finalmente, la temida Unión Soviética, la portentosa URSS de nuestra infancia y juventud, colapsó sin pena ni gloria, y sin amenazar a nadie. Simplemente se desmoronó. Muy distinta es la actual circunstancia mundial. Hay tres megalómanos todopoderosos, con capacidad atómica comprobada. 

     Pero ni el peligro nuclear, ni los conflictos regionales son algo nuevo, exclusivo de nuestros tiempos. Claro que el conflicto sirio si ofrece algunas peculiaridades sin precedentes. Pero como conflicto regional, no es algo nuevo. Una forma de violencia que ha adquirido sus propios rasgos en nuestra época, es el terrorismo militante, que se combina con otros factores contemporáneos.

   Hay pues que precisar lo que es típico, exclusivo de nuestros tiempos. La nuestra es caracterizada por algunos expertos como la Edad, o Era Digital. Y aunque la tecnología digital proviene de décadas anteriores, y sus orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XX, desarrollos como las comunicaciones digitales, el correo electrónico, Internet, son típicamente nuestros. Igualmente la telefonía celular inteligente, y las redes sociales. Otros rasgos propio nuestro tiempo son la Inteligencia Artificial (AI), la robótica, y los avances en tecnologías como la modificación genética, y la cíber biología. 

   Esto tiene otros nombres, creo, pero por ahora estas denominaciones funcionan. Igualmente se habla de conceptos como transhumanismo, y pos humanismo, que merecen atención especial. Se especula sobre máquinas espirituales (Ray Kurzweil, "The Age of Spiritual Machines, 2000), y la evolución hacia una humanidad pos biológica.

   (Todo esto es válido, pero todavía siento que no he identificado el rasgo o rasgos inconfundíblemente típicos de nuestra época.)

   ¿Edad de la información? Bueno, lo cierto es que vivimos bajo el influjo, o el efecto de la tecnología digital, y sus diferentes elementos. La complejidad digital ha ido dando lugar a un nuevo, vasto campo intelectual, mental, y profesional, al que podemos denominar, codigografía, o codigología, o codigotécnia, quizá. ¿O más bien, programática? En fin, la ciencia, o arte de manipular los diferentes algoritmos, o lenguajes digitales. Vastísimo, complicado campo, que se extiende y complica permanentemente. 

  Eso lleva al extremo la profecía del rey Thamus, profusamente aludido por el crítico tecnológico Neil Postman en su libro Technology The Surrender of Culture to Technology. Una clase de expertos toma control, adquiere privilegios, ostenta ínfulas de superioridad sobre el resto de los mortales, ignorantes de las complejidades programáticas. Pero no solo eso. La práctica de la codificación cambia la mentalidad de los programadores, que se pueden tornar ignorantes de otros saberes humanos, que consideren irrelevantes. Los programadores ganan buenos salarios, tienden a ser ricos, no necesitan doctorados o conocimientos humanísticos o sociológicos, ni siquiera historia, y pueden ser ideológicamente primitivos, y hasta regresivos.  O peor aún, éticamente neutros. Lo que nos lleva a temer un tenebroso panorama de distopías sociales.

   Somos la época de Google, Facebook, Amazon.com, Apple; de Twitter, Tumblr,  y WhatsApp. Del e-mail. Al consumismo masivo, desmesurado, se agrega el narcisismo incontrolable, que impúdicamente se exhibe en las redes sociales, aderezado a veces con toda clase vulgaridades, insultos, improperios. Y falacias.Vivimos la época de la pos verdad. El politólogo Nathaniel Persily  se preguntaba  en la revista especializada Journal of Democracy: ¿Podrá la democracia sobrevivir a Internet?

   Este ha sido el tiempo de Bill Gates, y Steve Jobs (q.e.p.d.); y es el tiempo de Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, y otros genios por el estilo. También de George Soros y Warren Buffet. Esta no es una época de Newtons, o Einsteins.  Tampoco de Marxes (?), o Webers. Stephen Hawkings, claro, era la excepción. Pero él era un intelectual cosmológico, un teórico, no un experimentalista. 

   Sin embargo, la física, y la mecánica cuántica están teniendo su revancha en el Large Hadron Collider, esa ciclópea extravagancia científica, un túnel que se extiende en círculo subterráneo en los territorios de Francia y Suiza. Y que causó una carnavalesca explosión de euforia científica en 2012 al comprobar la existencia del hasta entonces fantasmagórico Higgs Bosón. Hallazgo que reafirmó la teoría cuántica, y la rescató del dudoso limbo de la anti-materia, la materia oscura, los huecos negros, y los universos paralelos. 

El  miércoles 10 de abril de 2019, como todos los días sucedieron toda clase de hechos, reveladores de la condición humana. Pero no todos los días surgen hechos ubicados en lugares extremos del tiempo y del espacio. Como ese día. Por primera vez, gracias a un alarde de fotografía cosmológica, se logró fotografiar un hueco negro, situado a la módica distancia de 50,000 millones de años luz de aquí. ¿Cuál es la velocidad de la la luz? Según Wikipedia, es de 299,792,458 metros por segundo, aproximadámente 300,000 k/s, ó sea 186,000 millas por segundo. No hay razón pues para inquietarnos por el riesgo de ser tragados por este recién fotografiado agujero negro. 

Sin embargo, el concepto de un hueco negro, que los científicos consideran un"peso pesado" en su cósmica categoría, y la increíble distancia a la que se encuentra y ha sido fotografiado dazes the mind. ¿Qué es un hueco negro? Para ponerlo en los términos más generales, un hueco negro es una entidad cósmica con tanta fuerza de gravedad, que nada que llegue a cierta distancia puede escapar a su atracción, ni siquiera la luz. Hasta hoy, sin embargo, la de hueco negro era una noción teórica, fruto de cálculos y deducciones astrofísicas.  

   Si, nuestra época es épica en ciencia, tecnología, empresariado, creatividad, pero también…
   
   En nuestra época, persisten todos los vicios y defectos de la condición humana, exacerbados por la tecnología, y la globalizaciön. La globalización, que disuelve las fronteras ante la morbosa expansión capitalista. La ciencia, que tantos beneficios nos ha dado, nos ha deparado también la bomba atómica, que puede ser el instrumento de un apocalipsis instantáneo. La producción para el consumo, necesario o suntuoso, acelera el calentamiento del clima, y su consiguiente degeneración, con devastadoras consecuencias, que ya comienzan a sentirse. El asolamiento de los bosques y selvas debido a catastróficos incendios, empobrece las fuentes de agua y oxígeno, generando aridez y sequía. 

   A todos estos problemas, originados en la exacerbación capitalista, se suman endémicos problemas de hambre y pobreza, que a su vez generan conflictos sociales extremadamente violentos y destructivos, e incontrolables olas migratorias. El máximo avance científico y tecnológico, convive y alterna con extremos de superstición y fanatismo, que se manifiesta en brotes tan espantosos como el terrorismo de grupos como Al-Qaeda, organización causante del ataque del 9/11 en Nueva York, y otros devastadores atentados; y del autodenominado estado islámico (Isis), cuya ferocidad y extrema crueldad han sido  realmente aterradores. Todo esto en un contexto político de inestabilidad, radicalismo, incompetencia, que se manifiesta en expresiones como el Brexit británico, la crisis europea, el Bolsonaro brasileño, y la presidencia de Donald Trump; con su agenda antihumanitaria, anticlimática, racista, y belicista.

      Nos lleva esto al tema de la crisis de la democracia. Múltiples son los indicios de este fenómeno. Los problemas de la democracia no son nuevos, todo lo contrario. Nunca ha habido una democracia perfecta, y aun las más tradicionales, como la británica, y la estadounidense, han adolecido de profundas deficiencias a lo largo de sus respectivas sagas históricas. Hay además arraigados prejuicios intelectuales y emocionales a propósito del concepto de democracia. Varios factores han venido, recientemente, exacerbando los problemas endémicos de la democracia en varios países. Entre esos factores: cambio  de los modelos económicos tradicionale; incremento de la desigualdad económica; extrema concentración de la riqueza; manipulación de la información; creciente influencia del dinero en la política; baja o inepta participación electoral.

   Capítulo aparte, y análisis propio, merece lo que podríamos denominar la paradoja de la democracia. Consiste esta en que por mayoría de votos  un pueblo o conglomerado social puede optar por eliminar la democracia, o los principios más relevantes de esta. Es decir, que al contrario de lo que convencionalmente se cree, no necesariamente son las tiranías, o las dictaduras los principales enemigos de la democracia. No; los principales factores negativos de la democracia, suelen ser los votantes. 


   La mayoría electoral es un elemento esencial de la democracia, pero no es suficiente. Las mayorías pueden tomar a veces las peores o más torpes decisiones electorales, como ha ocurrido en Estados Unidos (1), y en Gran Bretaña, y en Turquía. Ah, y en Colombia. Las causas de esas decisiones erradas suelen ser la ignorancia de los asuntos públicos, prejuicios ideológicos, fanatismo, sectarismo, racismo, xenofobia, y simple mala fe. 

   El más persistente y hermoso mito de la democracia es la idea de que es el gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo, tan de buena fe promulgado por uno de los más democráticos líderes de la historia, el presidente Abraham Lincoln, en su famoso y justamente celebrado discurso de Gettysburg (19 de noviembre de 1863).  Pero los electores rara vez está bien enterados de los asuntos públicos, suelen obedecer a consignas partidarias, con frecuencia padecen de prejuicios racistas o clasistas. Por mayoría de votos, pues, todos los valores democráticos, incluso la democracia misma, pueden ser democráticamente abolidos.

      Pero no solo eso. Los electores pueden votar directamente por representantes y políticas que van en contra de sus más importantes intereses. El académico Ian Haney López, de la Universidad de California, Berkeley, explica esa anomalía política en su libro Dog Whistle Politics. El término dog whistle, que literalmene alude a un silbido perruno que sólo los mismos perros escuchan, tiene amplio y reiterado significado en el argot político. 


   Consultando Wikipedia, encuentro que el uso del término se originó al parecer en la política australiana, y su fuente original fueron los sondeos de opinión, en los que se usan subterfugios terminológicos para inducir respuestas por parte de los encuestados, que pueden ser interpretadas en sentidos diferentes, o incluso opuestos a los que aquellos pretendieron en sus respuestas. Es decir, es una forma de engaño conceptual, que se ha transferido al discurso político, con el fin de manipular y engañar al electorado. La práctica tiene otros nombres, menos coloquiales, como “lenguaje codificado,” pero “dog whistling” es de amplio uso en todas las culturas políticas que se expresan en inglés. 

   El ejemplo más reciente de “dog whistling” ha sido, claro, el de la campaña presidencial de Donald Trump en 2016, que logró despertar el apoyo de los trabajadores blancos, y otros grupos desfavorecidos, a pesar de sus obvias intenciones de usar el poder para beneficiar a las élites corporativas a las que él pertenece. Por eso la inicial densidad multimillonaria de su gabinete ministerial. Pero también sus propuestas, como la de despojar del seguro de salud a millones de personas, muchos de ellos votantes en favor suyo. Y otras atrocidades conceptuales y políticas de su administración. 


   Lo de Trump, claro, es un fenómeno más complejo, con variados elementos, sin precedentes cercanos en la tradición política estadounidense. Pero el elemento de fondo es básicamente la inconsecuencia de los votantes, y la manipulación y el engaño de que han venido siendo víctimas fervientes.

   La irracionalidad humana, la escasez del sentido común, han sido evidentes en la diaria realidad de las culturas de todos los tiempos, incluyendo las más avanzadas como la nuestra. Los psicólogos usan el término “razón motivada,” para explicar la tendencia humana a opinar e interpretar de acuerdo a intereses personales y prejuicios. La crisis de la razón es también un tema de estudio en la tradición de la teoría crítica, promovida en el siglo XX por el grupo de filósofos y sociólogos de la famosa Escuela de Frankfurt, a la que pertenecieron, entre otros, Adorno, Horkheimer, y Marcuse. 


   Los votantes gringos son en general presa muy fácil de la manipulación de los propagandistas políticos. Los gringos, especialmente los de los estados del centro y el sur, suelen ser supersticiosos, abrigan impulsos y sentimientos racistas, desconfían de las personas de diferentes grupos o pertenencias étnicas. Los políticos usan discursos diseñados para exacerbar esas tendencias emocionales, atribuyendo a los negros, los inmigrantes, las personas de otras religiones, todos los males que los aquejan. 


   Se trata de un problema muy intrincado de interpretación socio política. Un texto reciente se dedica a desmentir el mito de la racionalidad del elector en las democracias contemporáneas (Bryan Caplan: “The Myth of the Rational Voter Why democracies choose bad policies”). Aunque no todas sus conclusiones son acertadas, es un estudio bastante pertinente al respecto.
                                                                      
   La reflexión anterior puede y debe continuarse. Son varios los tópicos y temas que hay que investigar y sobre los cuales reflexionar, hacía una teoría general de la condición humana en nuestra época. Sin pretensiones científicas, pero nutriéndose de todas las fuentes de información pertinentes. La conciencia, la mente y el cerebro. El misterio del tiempo. O sobre la naturaleza del tiempo. Una aproximación filosófica al tema de la tecnología y su impacto sobre la condición humana. Dentro de un marco general, que incluya las reflexiones más generales sobre el tema, éste debe circunscribirse a la revolución digital, la era digital, o la 4ª revolución industrial, como prefieren llamarla el filósofo italiano Luciano Floridi, y el economista Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del World Economic Forum. Sus enfoques y conceptos difieren, pero el tema de fondo es el mismo: la actual revolución tecnológica y sus efectos en las sociedades contemporáneas. Ambos textos interesantes, originales, e informativos. En extremo interesantes. 

   Conviene sin embargo enmarcarlos dentro de una consideración general del debate filosófico sobre la tecnología, y su rol en la evolución y desarrollo históricos de la humanidad. Un tema inagotable, por supuesto. E inevitable, si uno quiere aproximarse a comprender o explicar los rasgos definitorios de nuestra era.

   El tema que sigue es el ya mencionado de la democracia, y la crisis que afecta a las democracias más sólidas y tradicionales de Occidente, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Holanda y Alemania. Brexit en Gran Bretaña, Trump en Estados Unidos. Ciertamente Emmanuel Macron barrió en Francia, llevándose no sólo la presidencia, sino las mayorías parlamentarias, pero Marine Le Pen y sus partidarios de extrema derecha lograron grandes avances.  En Holanda ocurre una situación parecida.

   El foco principal de atención debe centrarse por supuesto en Estados Unidos, cuya democracia, bajo el disparatado gobierno de Trump, pasa por un momento de crisis sin precedentes. Claro que Trump es sobre todo un síntoma. El problema, ya mencionado,  son los electores que le dieron la victoria. 


   La pregunta clave es pues, ¿cómo y por qué gano Trump las elecciones del 8 de noviembre de 2016? Este interrogante, y sus respuestas, porque hay varias, es el meollo de una cuestión más general. Los cambios económicos que han aumentado la gran concentración del ingreso y la riqueza, con el consiguiente aumento de la enorme desigualdad económica, y causado la desestabilización de la clase media y el aumento de la pobreza. 


Como ya se observó, el globalismo capitalista ha exportado sus empleos a mercados laborales más baratos, a países periféricos, especialmente de Asia y América Latina, generando creciente desempleo entre la clase trabajadora tradicional. Durante las cuatro últimas décadas, la economía de Estados Unidos ha ido dejando de ser una economía manufacturera para convertirse sobre todo en una economía de servicios. Esto ha causado la supresión de millones de empleos fabriles, cuyos ocupantes no han encontrado manera de adaptarse a los nuevos empleos, mayoritariamente técnicos y de destrezas digitales. Los avances tecnológicos, la Inteligencia Artificial y la robótica han venido eliminando empleos, cuyas tareas son ejecutadas por programas digitales. 

    Ojalá te toque vivir una época interesante, se supone que propone una maldición china. La nuestra con seguridad califica. 
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(1)  Estados Unidos es una anomalía en lo referente al rol de las mayorías electorales, debido a la institución del Colegio Electoral. En las presidenciales de 2000 el demócrata Al Gore obtuvo cerca de medio millón más de votos que su rival republicano George W. Bush. Sin embargo, luego de una decisión extremadamente controversial de la Corte Suprema, el triunfo le fue adjudicado a Bush. En noviembre de 2016, Hillary Clinton obtuvo casi tres millones más de votos que Donald Trump. Este sin embargo logró más delegados  en el Colegio Electoral, y ganó holgadamente la presidencia. Aunque parece ser muy antidemocrático, el Colegio Electoral no lo es tanto. Se trata de una institución surgida como consecuencia del sistema federal de gobierno de Estados Unidos. Más adelante Rayuela 62 se ocupará adecuadamente del tema. 





viernes, noviembre 03, 2017

La hora del "selfie"

Aunque retórica e ingeniosamente nos describimos como pos modernistas, lo cierto es que nos encontramos en plena crisis de la modernidad. Factores indicativos: máximo avance tecnológico. Barbarie extrema. Conductas políticas rayanas en lo irracional. Severas alteraciones de las condiciones climáticas, con catastróficas consecuencias. Resultado indudable del calentamiento global, inducido por la actividad humana. Como efecto de todo esto, se incuba una creciente mentalidad apocalíptica. 

Circumscribámonos a los recién expirados septiembre y octubre de 2017. Una secuencia ininterrumpida de huracanes, e incendios pavorosos. Violencia y terrorismo. Creciente alienación política. Trump y sus trumpismos. Corea del Norte. 


Octubre comenzó con la matanza de Las Vegas, en la que perecieron 50 personas, que asistían a un concierto de música country al aire libre, abatidas por el fuego de metralla disparado por un individuo alienado desde el piso 32 de un lujoso hotel. Otras 527 personas resultaron heridas, algunas muy seriamente.

El 31 de octubre, día de Halloween, un hombre conduciendo una furgoneta arremetió deliberadamente contra los ciclistas y transeúntes en una ciclo vía en Nueva York, matando a cinco personas e hiriendo a ocho más, algunas de ellas de gravedad. El hombre, un "lobo solitario" actuando a nombre de autodenominado Estado Islámico, (ISIS, por su sigla en inglés), fue herido y capturado vivo, y ha sobrevivido el incidente. En su lecho en un hospital reconoció y dijo sentirse orgulloso de su atrocidad.

Por supuesto que ha habido épocas peores que la nuestra. Casi todo el siglo XX, con  sus dos guerras mundiales, sus explosiones atómicas en el Japón, las guerras regionales en Europa y África, revoluciones y violencia extrema en casi todos los continentes, ha sido el siglo más sanguinario y destructivo de la historia.

El siglo XXI ha venido siendo un digno heredero de su antecesor. Se inauguró nada menos que con los ataques terroristas del 9/11, seguidos estos por una desastrosa guerra en Irak, y otra que todavía dura en Afganistán. Luego vino la endemoniada crisis Siria. Y como consecuencia de todo esto, ha surgido el llamado Estado Islámico, pavorosa  propuesta de locura y extremismos religiosos, generadora de una secuencia terrorista de atroces características, que ha azotado el Medio Oriente, África, Europa, y Estados Unidos. 

Si, es cierto, violencia y barbarie han habido a lo largo de toda la historia humana. Pero si juzgamos nuestra época, ésta que estamos viviendo en el segundo decenio del siglo XXI, es porque es la época actual, la más reciente, la que sintetiza y se beneficia de todas las experiencia y adelantos de la historia, la ciencia, la tecnología, y la política.  Estamos inevitablemente en el banquillo. Somos acusados y fiscales al mismo tiempo. No nos podemos ocultar tras los métodos de la historia. No somos historia. No somos pasado, somos actualidad, somos presente.  

 Es desde esa perspectiva que debemos considerar nuestra época. Somos la cima de la historia, estamos en su punto más avanzado. El transcurso de los años nos convertirá en pasado. Entonces ya no cargaremos  con las actuales responsabilidades, pero seremos evaluados y juzgados de acuerdo con nuestros logros y fracasos. 

Pero esa perspectiva temporal no nos exime de nuestras culpas y el gravamen de nuestras carencias. 

Lo cierto es que somos  bárbaros, violentos, y autodestructivos, a pesar del legado jurídico y filosófico que hemos recibido, y de los adelantos científicos, tecnológicos, y políticos de que somos beneficiarios. 

Es hora de tomarnos en "selfie". Y no habrá  modo de que nos guste.

sábado, julio 15, 2017

A saltos en Rayuela62

     Uno de los problemas de nuestra época, es que el grueso de los esfuerzos de mejoramiento y progreso social y económico se encausan hacia la tecnología, la cibernética, la robótica, y campos afines. Esto relega a un segundo plano las metas humanitarias propiamente dichas. Es decir, se reduce el concepto de mejoramiento de la civilización a los inventos y las innovaciones. En esta perspectiva, el progreso es exclusivamente una noción tecnológica y científica, con consecuencias para el crecimiento económico.

     Pero esto sin atender las grandes desigualdades en el ingreso y la riqueza, y el hecho de que el desarrollo económico tiende a favorecer siempre a los más ricos, y desfavorecer a los pobres; y que los avances tecnológicos propician la concentración del ingreso y la riqueza, e incluso, en muchos casos, generan desempleo y pobreza.

   La anterior es una generalización, claro, sobre un tema que demanda cuidadoso análisis; al que se dedicará suficiente atención en Rayuela62.

   Los efectos de la computarización de las actividades económicas, y la producción, son mucho más complejos de lo que parece a simple vista. Se debe analizar el impacto de la tecnología en las diversas formas de la actividad laboral y productiva.En la economía y el empleo. Y, claro, en las costumbres, hábitos, comportamientos, de la vida cotidiana.

   Las computadoras suprimen empleos, pero también los crean. Claro que los desempleados por las computadoras no necesariamente pueden beneficiarse de esos nuevos empleos que su uso crea,

   Hay que tener en cuenta la globalización. Sus causas, la influencia de la tecnología, sus efectos en las economías nacionales. Origen y consecuencias de la práctica empresarial y corporativa conocida como "outsourcing." Obviamente elimina empleos en los países desarrollados, y usufructúa los salarios más bajos en los países periféricos.

   Lo que está mal no son las innovaciones y avances tecnológicos, sino el sistema económico y social en el que ocurren. O mejor dicho, lo que está mal es que como civilización no le demos la debida prioridad a los avances relacionados con la justicia social y económica, y el bienestar de la humanidad en general. Los estados invierten mucho más en las armas y la preparación para las guerras, que en educación, salud, y techo para sus ciudadanos.

   Insisto. El problema no es que haya innovación, progreso tecnológico, sino que no haya el mismo énfasis en el progreso social y de bienestar general. Por otra parte, mientras la tecnología avanza, el clima y el medio ambiente se deterioran. Hace falta pues un balance general en términos del esfuerzo humano para progresar en todos los aspectos del mejoramiento de la experiencia humana, sin discriminaciones de raza, grupo social, o cultural.

   No se trata tampoco de compartir la creciente superstición, alentada nada menos que por el científico Stephen Hawking, que augura que la inteligencia artificial(AI) terminará por anular al género humano. Eso es plausible, pero improbable. Y tema inagotable los robots, y la especulación al respecto. La inteligencia artificial nunca pasará de ser una forma cada vez más sofisticada de lógica cibernética, cálculo, y algoritmos. Las computadoras, y los robots, harán cosas maravillosas en esa dirección. Pero nunca desarrollarán nada parecido a la naturaleza humana. Para ello sería necesario crear un proceso evolutivo, como el que ha generado a la especie humana, y antes de esta las diferentes especies humanoides. Los robots podrán ser mucho más eficientes que los humanos en numerosas clases de actividades, pero es casi imposible que desarrollen emociones, como amor, odio, ambición, codicia, mucho menos deseo sexual; tampoco instinto de supervivencia, o miedo a la muerte. Y su lenguaje no pasará de ser un algoritmo supersofisticado, pero sin lapsus lingues,  vacilaciones, titubeos, errores, acentuaciones emocionales. 

   Hay sin embargo otros paradigmas científicos y técnicos que ofrecen perspectivas a la vez asombrosas, y sobrecogedoras. Uno de estos es el de la ingeniería genética, cuyos avances permitirían opciones parecidas a la idea de diseñar genéticamente seres vivos, como ya en realidad se ha hecho, lo que anticiparía una evolución pos biológica de los seres vivos y la humanidad. Hasta ahora, la experimentación no ha pasado de la clonación biológica, cuyo primer caso fue la oveja Dolly, a comienzos de este siglo. Lo que viene es casi inevitablemente la manipulación en el laboratorio de genes humanos, que pueden significar grandes avances en el tratamiento de enfermedades, inhabilidades físicas, y sustitución de órganos, pero también, tratándose de humanos, una actualización sofisticada de la leyenda de Frankestein.

Estos son temas distintos al que motivó este post, y hay que dedicarles investigación y espacios propios. Iremos de un tema a otro, de lo político a lo técnico, incluyendo toda clase de temas entre estos grandes paradigmas. En fin. Para algo estamos en una Rayuela.

jueves, julio 13, 2017

Entre el zorro y el erizo

Otra vez este blog había  estado inactivo durante varios años; ya era hora de revivirlo. Este había sido un proyecto permanentemente pospuesto. En realidad el blog se había extraviado, y de pronto surgió cuando yo menos lo esperaba, apareció por si solo, durante un cambio de equipo digital, o tal vez lo busqué inconscientemente; en todo caso fue menos difícil de lo esperado. Me puse pues a escribir estas reflexión introductoria a la reactivación; pero la puse en la nevera, y fui aplazando la decisión de hacerle una revisión final y publicarla. Los días se iban y yo seguía (perdón por la atrocidad lingüística) "procrastinando" su publicación. No que eso fuera tan importante, en realidad yo iba a ser la única persona en notarlo. Pero tenía que quedar bien conmigo mismo. 

Sobrevinieron entonces las elecciones presidenciales colombianas del 25 de mayo de 2014, y de pronto me vi en la urgencia de escribir sobre eso, y no hubo pues tiempo para ceremonias ni brindis de reactivación. Y el blog se reactivó ciertamente, y no sólo con motivo de la política colombiana, sino del tema mucho más interesante del Mundial de Fútbol del Brasil, a mediados de 2014. Pero luego, pasadas las emociones de los partidos, y asentada la polvareda electoral colombiana, Rayuela, o mejor, su autor, volvió a caer víctima del sopor de la diaria rutina.

Ahora, tres años después de ese breve espasmo creativo, nuevamente, vuelve a reactivarse, esta vez si en serio y definitivamente.. Todos los temas y asuntos pertinentes recibirán atención de este bloguero, siempre principiante en algo, siempre inexperto, a pesar de sus años.

Siempre hay mucho que decir, cada día se siente como una especie de ansiedad ante las tantas cosas que suceden, y que dan ganas de comentar, aludir, situar. En fin, es un proceso muy difícil, es difícil vencer las inhibiciones, los temores a no saber lo que uno quiere decir; o  no encontrar la forma auténtica, verdadera, de decirlo; o la razón para decirlo.

Desde que la descubrí, en un glorioso texto del filósofo ruso-británico Isaiah Berlin, me he apropiado de la metáfora del zorro y el erizo; de la cual hicieron brillante uso el mismo  Berlin, claro, en su estudio sobre tres pensadores rusos; y su discípulo chileno, el maestro Claudio Veliz, en su magnífico ensayo de una filosofía de la historia latinoamericana, 'The New World of the Gothic Fox', traducible como El Nuevo Mundo del Zorro Gótico. 

Berlin tomó la mencionada metáfora de un verso del poeta griego Arquíloco, que dice: 'El zorro sabe muchas cosas; pero el erizo sólo sabe una gran cosa.' Según Berlin la metáfora ha sido interpretada  en el sentido de que, con toda su astucia, el zorro no puede con el obsesivo erizo. El zorro sabe muchas cosas, pero sin profundidad. El erizo sólo sabe una, pero la sabe muy bien. La comparación, asegura Berlin, es aplicable a los grandes pensadores y creadores, y  en última instancia a los seres humanos en general. 

Berlin  emprende entonces una aventurada clasificación de algunos grandes hombres en las dos categorías. Tolstoi, a propósito de quien Berlin trae a cuento la metáfora, es un erizo que quiere ser zorro, o tal vez al revés, lo que viene a ser lo mismo. 

Personalmente, y sin pretender compararme con ninguno de los grandes hombres aludidos por Berlin, siento simpatía y afinidad hacia el prototipo del zorro. Esto, claro, sin subestimar a los erizos, tal vez mas bien envidíandolos. Quizá sea mucho mejor tener la aptitud y la capacidad para identificar un tema, o un tópico, o un campo teórico, y concentrarse en ello. 

El problema es que son muchos los temas, los hechos, los sucesos. Es fabuloso el permanente discurrir del tiempo. ¿Va o viene? ¿Es que el presente se convierte constantemente en pasado? ¿El futuro en presente? Parece claro que sin presente no habría ni pasado, ni futuro. Todos los tiempos existen en el presente. Pero este continuamente deja de ser, se convierte en pasado. Y para ser presente, se nutre constantemente del futuro, que sin cesar se vuelve presente, y luego pasado. 

El tiempo es pues sin duda el mayor misterio, el más enigmático, y a la vez el más obvio, el más evidente enigma, el interrogante que es su propia respuesta y su propia negación; el flujo inasible, que nos lleva en su fluidez, sin darnos de lo esencial de si; es decir tiempo para discernir qué es el tiempo.

El otro gran misterio es la conciencia, es decir, la mente. ¿Cómo pensamos? ¿Qué es el pensamiento? Filósofos y científicos de todas las épocas se han obsesionado con responder esta pregunta, sin lograr jamás una respuesta totalmente satisfactoria. 

 En vano se empeñan los neurofisiólogos y neurocientíficos más idóneos en atrapar, circunscribir, aislar los factores materiales y biológicos del pensamiento. El instante preciso en que las neuronas y las ondas que las circulan se convierten en conciencia, en mente, sigue escapándose. Lo bueno, claro, es que en esta búsqueda, la mente humana ha mostrado lo mejor de si misma, con lo cual no ha hecho sino ahondar su propio misterio.

Que no puedas llegar es lo que te hace grande, creo que escribió alguna vez el gran Goethe. El camino es la meta, pudiéramos añadir, sin originalidad alguna, precedidos también por Serrat, entre otros. Debemos pues seguir andándolo, sin prisa y sin  pausa, esperando nunca llegar al final, es decir, nunca trascender la meta que es el camino mismo. 

Sigamos pues tras los enigmas del tiempo y la conciencia. Agreguemos a estos dos misterios el de la naturaleza de la verdad. ¿Qué es la verdad? Precedidos también en esto por filósofos incansables, que la han explicado, refutado y negado, sin llegar jamás a su secreto metafísico. La única verdad es que no sabemos a ciencia cierta que es la verdad. 

Llegamos así el incitante terreno de las paradojas. Si afirmo que siempre miento, y esto es cierto, estoy negando que miento. O sea que cuando afirmo que miento, digo la verdad, y al mismo tiempo niego lo que digo, es decir, que miento. Esto nos lleva a la más prestigiosa, creo, de las paradojas, la de Bertrand Russell. Para entenderla hay que situarse dentro del paradigma de la teoría de conjuntos (set theory) de las matemáticas. 

La realidad se compone de conjuntos, o sets de elementos, de toda clase. Todas las cosas de este mundo, todas, son susceptibles de agruparse en conjuntos, con cosas en algún aspecto semejantes unas a otras. Pues bien, forzosamente, dice Russell, ha de haber un conjunto de las cosas que no pertenecen a ningún grupo, pero que por tener esa característica, la de no ser agrupables, son paradójicamente agrupables en el conjunto de las cosas no agrupables. 

Según los historiadores de la filosofía moderna, el planteamiento de esta paradoja le arruinó la existencia al filósofo austriaco Gottlob Frege, junto con Russell, y Wittgenstein, uno de los fundadores de la filosofía analítica. Cuenta la leyenda que Frege acababa de concluir su famoso tratado "The Foundations of Arithmetic", y que por algún motivo, que no tengo muy claro, pero que se puede aclarar más adelante, la paradoja de Russell echó a perder. Ignoro si Russell se alegró de esto, lo dudo mucho, el británico era un hombre de gran generosidad y nobleza, por cierto mentor del muy ingrato Wittgenstein, cuyo Tractatus lúcidamente prologó. 

Siempre he sentido temor de dos famosas maldiciones chinas. Ojalá te toque vivir una época interesante, dice una; que se cumplan tus deseos, asigna la otra. No cabe duda me ha tocado, nos ha tocado, vivir una época interesante. En cuanto a mis deseos, supongo que algunos se han cumplido, otros no. Nunca he deseado ser feliz, y sin embargo a veces lo he sido. He aprendido que la felicidad es un estado fugaz, ocasional, no algo permanente, y que tratar de alcanzar un estado de permanente felicidad es la mejor forma de ser ser permanentemente infeliz. 

Una vez una joven mujer se despertó convencida de que ese día que empezaba iba a ser el más feliz de su vida. Sintió esto con tal intensidad, que la idea de que ese día tan feliz se iba yendo inevitablemente con el paso de las horas, la hizo sentir profundamente infeliz. No sé si leí, imaginé, o soñé esta historia, pero creo que su contenido es verídico, aun en el terreno de las suposiciones. 

Tengo anhelos, claro, que vislumbro con claridad cada día, pero más que con alcanzar algo nuevo sueño con conservar lo que tengo y seguir siendo lo que soy; con algunas mejoras, claro, de salud sobre todo, no porque esté enfermo de algo, sino porque la edad trae limitaciones en aspectos de la vida que considero esenciales para vivir momentos felices, como enamorarse y hacer el amor, como leer y entender y recordar, como poder disfrutar del mundo y percibirlo sin limitaciones; y anhelo conservar lo que tengo y recuperar algo de lo que por fuerza del paso del tiempo he perdido. Lo cual me deja sin saber si he sido víctima o no de la maldición  china, o si quiero ser su víctima, es decir, si quiero que mis anhelos se cumplan no importa lo que pase.

Pero volviendo a la primera maldición, uno de los temas que más me interesan es el de la condición humana en general, y en particular la condición humana en las actuales circunstancias históricas. ¿Cuál ha sido el impacto de la revolución digital en nuestras culturas y sociedades contemporáneas? La revolución digital ha cambiado completamente nuestras vidas en el curso de unas pocas décadas. Todo ha cambiado. Ha sido un cambio paulatino, pero profundo, del cual la revolución digital ha sido a la vez una causa y una consecuencia.

La búsqueda de soluciones digitales ha sido una constante por muchas décadas, siglos quizá, y sus hallazgos más consecuenciales han tenido lugar desde el comienzo de la segunda mitad del siglo pasado hasta nuestros días. A comienzos del siglo XX comenzaron a gestarse cambios profundos en la ciencia, la tecnología, la filosofía, y la teoría política y social, cuyas consecuencias estamos todavía viviendo, que se acentuaron particularmente a partir de la mitad del siglo, cuando comenzó, o se agudizó la transición del modernismo al pos modernismo. 

Este cambio, el más interesante desde el Iluminismo de los siglos XVII y XVIII, ha sido el tema de especulación de algunos de los más brillantes pensadores occidentales contemporáneos, como Lyotar, Foucault, Baudrillard, Derrida, y por supuesto Fredric Jameson, Martin Jay, David Harley, y Douglas Kellner, entre otros. Ellos, claro, precedidos por, y continuadores de, la tradición iniciada por la famosa Escuela de Frankfurt, el grupo de filósofos y teóricos sociales al que pertenecieron T.W. Adorno, Mark Horkheimer, Herbert Marcuse, Walter Benjamin, y Eric Fromm. 

A comienzos del siglo XX, estos intelectuales, patrocinado por Felix Weis, un joven abogado argentino, hijo de un rico inmigrante alemán, quisieron crear una alternativa a la tradición universitaria germana, que consideraban obsoleta y fosilizada; pero luego, siendo todos ellos judíos, se vieron enfrentados al ascenso del nazismo de Hitler, y la consiguiente persecución que los obligó a exiliarse primero a Francia e Inglaterra, y luego a Estados Unidos; esto con la excepción de Benjamin, quien murió en 1940 en la frontera franco-española. 

La historia de la Escuela de Francfurt, y su peregrinaje y asentamiento en Estados Unidos es una de las más apasionantes de la historia de la filosofía, que como lo sabemos desde Diogenes Laertius, está llena de biografías apasionantes. El incansable Martin Jay ha documentado diligentemente la historia y circunstancias del exilio de los intelectuales alemanes a América, y en particular los del grupo de Frankfurt, especialmente en su libro "Permanent Exiles," pero también, claro, en "The Dialectical Imagination."

Una investigación seria de la actual circunstancia humana, en el curso de la llamada edad digital, debe necesariamente apoyarse en los textos de los mencionados teóricos, en particular Jameson, Harvey, Kellner, Best, y de la mano de ellos, en los filósofos que inmediatamente los precedieron, como Adorno y Horkheinmer, y por supuesto Husserl, Heidegger, Sartre, y Hannah Arendt.

La revolución tecnológica de las últimas décadas ha alterado significativamente nuestro modo de vivir, en todo sentido. En como nos relacionamos unos con otros, la forma de comunicarnos, el acceso al conocimiento, el flujo de la información, las formas de trabajar, de divertirnos, de construir y destruir. El cambio tecnológico ha tenido efectos profundos en la producción económica y la distribución del ingreso y la riqueza. 


Como todo cambio profundo, la revolución digital ha tenido consecuencias buenas y malas. Las consecuencias positivas son evidentes. La tecnología ha aumentado nuestras capacidades de aprendizaje, creación, ha generado canales y formas de comunicación instantáneas y eficientes, ha cambiado el paradigma general del conocimiento y la gestión humana en formas hasta hace poco inconcebibles; y por consiguiente ha expandido nuestra visión del presente, del futuro, y desde luego del pasado. Nadie en sus cabales querría volver atrás, o desmontar o paralizar ninguna de las tecnologías actualmente en uso en todos los campos de la actividad  humana. 

Pero también hay consecuencias negativas, de esta gran revolución. Una de ellas ha sido la agudización del racionalismo instrumental, heredado del Iluminismo, que ha llevado a una subordinación de los cometidos humanos al objetivo productivo, de eficiencia, de acumulación, y de ganancia monetaria, con olvido de otros objetivos propios de la condición humana, no necesariamente asociados con la eficiencia y la productividad. 

Una consecuencia visible de esa tendencia ha sido la prematura obsolescencia laboral, especialmente en Estados Unidos. La digitalización de muchos servicios ha eliminado puestos de trabajo y ha condenado al ostracismo profesiones enteras. Muchas de las grandes fortunas se generan con un aporte mínimo de fuerza laboral. La revolución digital estimula pues una tendencia de acumulación exagerada de riqueza en unas pocas manos, mientras un gran sector de la sociedad se ve condenado a la incompetencia y la desesperanza.

Durante esta época ha aumentado la concentración de la riqueza, y por consiguiente se ha expandido la llamada brecha, que tiende a ser abismal, entre los ricos y las clases media y obrera. La pérdida de privacidad, y la vulnerabilidad ante los depredadores digitales es otra consecuencia negativa de la edad digital. 

 Por otra parte, aunque sabemos más, y aprendemos más rápido, eso no parece reflejarse en nuestras decisiones políticas, ni en el tratamiento de algunos de los problemas más graves de nuestra época. Vivimos una época paradójica, en la que el máximo histórico de nivel científico y tecnológico convive con formas extremas de superstición, fanatismo religioso, crueldad, violencia, y barbarie. 

Pero sin duda el principal paradigma negativo de nuestra época, nuestro mayor reto, y la peor amenaza para nuestro futuro como civilización, es el fenómeno del deterioro ambiental debido al calentamiento global, y las consecuencias catastróficas que anuncia, y que ya se han comenzado a evidenciar.  

En el marco del calentamiento global, otros graves problemas afligen a nuestros tiempos. La pobreza de miles de millones de personas, que carecen de las mínimas condiciones de nutrición, techo, salud, educación y oportunidades aceptables de supervivencia. Millones de esas mismas personas, pero no solo ellas, sufren el flagelo de la violencia terrorista y de la delincuencia cotidiana. El fanatismo religioso y militante pretende devolver a nuestra civilización a las peores condiciones de barbarie propias de los tiempos más oscuros de la historia. El autoritarismo y la corrupción prevalecen un  varios paises y regiones. La criminalidad, el tráfico de armas, el tráfico de seres humanos, la esclavitud incluso, son padecimientos implacables en buena parte del planeta.  

Pero no todo es tragedia. Hay drama también, y comedia. Y de todo eso trataré de ocuparme, abarcando mucho y profundizando poco; como el inevitable zorro berliniano que me ha tocado ser, y que a veces quisiera tener algo de erizo.